Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

El caballo y la serpiente.
Por Sebas

Éranse una vez dos niños llamados Silva y Jaime. Un día, los niños se fueron al bosque a explorar. Era un día soleado y agradable. Escucharon que una rama se rompía, y Jaime dijo:

  • ¿Qué ha sido eso?

  • No sécontestó Silva.

Y echaron a correr. Entonces se encontraron dos galletas y se las comieron. Cuando pasó una hora, Silva dijo:

  • Me siento raro, veo las hormigas muy grandes...

  • Yo, también contestó Jaime.

Y los dos gritaron a un tiempo:

  • ¡Somos enanos!

Los dos niños empezaron la busca de su cura. Lo primero que hicieron fue fabricar lanzas. Luego vieron a una hormiga que pasaba por allí, y subieron en ella sin que se diera cuenta. La hormiga llevaba un pulgón en su boca que empezó a hablar con Silva y Jaime. Les dijo que se bajara, porque, si no, la hormiga los iba a matar. Ellos obedecieron y se marcharon. Entonces, se encontraron con una serpiente que los atacó, pero Silva la mató. O eso creyeron ellos...

El caso es que echaron a correr muy nerviosos, por lo que se subieron a la copa del árbol más cercano que encontraron. El árbol entonces les habló:

  • ¿Estoy enfermo, me podéis hacer un favor? preguntó.

Ellos le preguntaron que cuál era ese favor:

  • Coger savia para curarme les contestó.

Entonces, la serpiente que creían muerta subió al árbol, y Jaime le lanzó una lanza al ojo izquierdo, Silva al ojo derecho, y, finalmente, la mataron de verdad. Luego se fueron a recoger savia para el árbol, cuando vieron una abeja que les dijo:

  • ¿Necesitáis algo?

  • Sí contestaron ellos-. Savia, necesitamos savia para un árbol que está enfermo. ¿Nos podrías coger un poco de esa flor?

  • Sí dijo la abeja-.

Entonces, la abeja se metió en la flor y bajó hasta lo más profundo de su tallo, cogió la savia, y se la dio a los niños que marcharon muy contentos con la savia para el árbol enfermo. Cuando llegaron la inyectaron al tronco, y el árbol enfermo se puso muy feliz al saber que ya pronto estaría sano.

Los niños siguieron en busca de su cura. Pero cuando se hizo de noche, escucharon unos pasos terribles y muy sonoros. Los niños se asustaron y no podían respirar: pensaban que era un jabalí, pero al final resultó un caballo que sabía dónde estaba su cura. El caballo se presentó:

  • ¡Hola! me llamo Federico.

Ellos contestaron:

  • Nos llamamos Silva y Jaime. ¿Dónde se encuentra nuestra cura?

El caballo les contó que la cura se encontraba dentro de la barriga de la serpiente que habían matado. Fueron al bosque a rajarle la barriga a la serpiente y se encontraron una libélula muerta. El caballo comentó:

  • Tenéis que partir la libélula a la mitad y comérosla.

Ellos respondieron:

  • No, ¡qué asco!

Al final, se la tuvieron que comer. El caballo les dijo entonces que les concedía un deseo. Los niños desearon que la serpiente reviviera. El caballo la resucita, y la serpiente les dio las gracias a Silva y a Jaime.

Los niños, muy contentos, se fueron a sus casas y dijeron a sus padres todo lo que había pasado. A los padres les gustó la historia. Ese día comieron de todo para quitarse el sabor a libélula. El caballo también se quedó a cenar, y después les reveló un secreto:

  • Esto sólo lo vais a saber vosotros: ¡soy Dios! y me lo he pasado muy bien. ¡Adiós!

por Sebas

Silva, la araña; y Mata, la hormiga

por David Ruiz

Había una vez una araña que se llamaba Silva, y estaba paseando por una hoja. De pronto la hormiga Mata se encontró con la araña Silva en una hoja y le pregunto:

- ¿Qué haces en la hoja?

La araña le contestó:

- Estoy buscando comida para llevársela a mis crías. Y tú, hormiga, qué haces:

- Yo estoy buscando pulgones para alimentarme con ellos -le respondió la hormiga.

Mata se fue de viaje, y Silva se quedó solo sin compañía, y lloraba porque, la verdad, era que no sabia cómo salir de la hoja; tenía mucho miedo, porque nunca había visto una altura tan grande.

Mata se encontró a Silva llorando y le dijo:

- ¿Por qué lloras?

- Lloro porque no sé bajar de la hoja

Mata le explicó a Silva cómo se bajaba de la hoja. Silva, tan ilusionado por bajar de la hoja, le invitó a la hormiga a cenar.

Cuando la hormiga fue a cenar a casa de Silva, se encontró con una sorpresa: la araña sólo la había invitado a venir para comerse a la hormiga. De pronto Mata se dio cuenta del engaño y se fue de la casa de Silva.

La araña se sintió abandonada por la hormiga que no fue a visitarla para cenar, se fue a la cama para descansar y, después de dormir, iría a visitar a Mata.

Al dia siguiente Silva salió de su madriguera y se encontró a Mata en la hoja buscando pulgones Silva le dijo:

- ¿Por qué no viniste a la cena?

La hormiga le contestó:

- Porque no pude, encontraron un montón de pulgones, y fui a por ellos.

Después Silva encontró en la hoja una hormiga cualquiera y se la llevó a cenar, y se la comió. Después Mata se dio cuenta de que faltaba una hormiga y fue a casa de Silva a ver si la había visto.

A la hormiga que desapareció, Silva dijo que no la había visto, y la invitó a cenar. Mata dijo que iría. A la cena, Mata entró por la puerta; vio que no había comida y dijo:

- ¿Y la cena?

Silva le contesto:

- La cena eres tú

Y de una fuerte pelea Silva murió a manos de Mata. Por fin, Mata encontró a la hormiga que faltaba y se la llevo a casa.

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