Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 
Ecos del alma.
María Dolores Tirador Arribas
 

Una lectura
por Xulio Concepción Suárez

Entre el alba y el crepúsculo, tras la creación literaria

La lectura de los poemas y otros escritos de María Dolores Tirador me produce como lector una doble gratitud: de un lado, comprobar, una vez más, que la lengua y la literatura (la lectura y la escritura), como para tantos otros y otras que escribieron antes con los tiempos, no es cuestión teórica sin más, sino una actitud ante el uso y el valor de las palabras.

Uuna actividad creativa, por tanto, en la vida diaria; una verdadera terapia al alcance de la mayoría, tan gratuita y efectiva, que sólo usa palabras del diccionario y sentimientos que nos afloran a todos y a todas desde el alba hasta el crepúsculo; desde la primavera al invierno; desde la infancia a la madurez. Leer y escribir, cada uno y cada una a su medida, es parte de la vida. Y hoy más que nunca también.

Incluso, la afición literaria puede resultar una actividad muy creativa que revolotea algunas noches sobre la almohada, lo mismo en los sueños más profundos hasta el amanecer, que en algún imsomnio pasajero en cualquier luna a punto de los cuartos. Los recursos literarios y lingüísticos son gratuitos, sólo tenemos que ponerlos en práctica.

Del otro lado, la lectura de estos poemas de María me sirve para constatar, una vez más, que aquellos recursos estilísticos atribuidos a nuestros clásicos de siempre (Garcilaso, Fray Luis, Bécquer, Unamuno, Rosalía, Machado, Lorca, Miguel Hernández, Blas de Otero...) no forman un frío repertorio retórico para empollar en los libros (o salvar una nota), sino un cálido ejemplo vivo de una profesora que pone en práctica lo que predica en clase.

El lenguaje literario, más allá de las palabras

Los poemas de María pueden resulttar un ejemplo muy plástico, con su uso divulgativo, ameno, a menores y mayores que, de este modo, entenderán sin titubeos que la lengua y la literatura están al alcance de cualquiera, pues las palabras son las mismas para todos y todas (las mismas y gratuitas, las de la calle y del diccionario). Hay muchas otras formas literarias al lado de la poesía. Y otras muchas maneras de comunicarse, ciertamente: ésta es una más, tal vez la más sentida y concentrada, porque en ella siempre revolotea el alma.

Las únicas diferencias entre unos escritores o escritoras y otros están en las reflexiones, los jueguecitos y los usos que hagamos con unas mismas palabras. El lenguaje poético es una forma de comunicación al lado de otras muchas más prosaicas: como todas, con sus recursos y técnicas, ciertamente. Pero la poesía es lenguaje, al fin, sentimiento, pensamiento, comunicación sin más complicaciones ni complejos, siempre más allá de las palabras. Poesía o prosa, a mano o a ordenata, seguirá siendo recurso imprescindible mucho más allá, también, de los recursos digitales del milenium.

Veamos unos cuantos poemas, a modo de ejemplos, comentados al final de forma subjetiva, por supuesto:

 
 
  1. Su mundo

    Dicen que vive en su mundo
    encerrado en pensamientos
    que divagan desquiciados
    por senderos sin recuerdos.

    Dicen que su vida está
    sumida en profundo sueño
    que no deja despertar
    a un niño que se hace viejo.

    Dicen que en su alma hay
    odios y remordimientos
    que acumulando amarguras
    lo hacen convertirse en necio.

    Y echan la culpa a su mundo,
    que ha puesto a su mente un cerco
    que le no le deja salir
    hacia el mundo de los cuerdos.

  2. A nadie.

    Llega un momento en la vida
    en que todo se te escapa,
    no son sólo sensaciones,
    es que en cada mirada
    se te van las ilusiones.

    Llega un momento en el drama
    en que los actores sueñan
    y, como ellos, soñando,
    buscando la quintaesencia de las cosas,
    te vas alejando de aquello que te rodea.

    Llega un instante,
    un espacio doloroso
    en el tiempo que comienza,
    en que dejas que divaguen,
    sumergidas, tus ideas,
    en un lago de añoranzas
    que ni explicas ni lamentas.

    Y, cuando, después de todo,
    meditas, recuerdas, piensas,
    llegas a las conclusiones
    que te llenan la cabeza
    de perdidas ilusiones.

    Ese momento se estanca,
    te parece interminable
    porque te hiere, te abrasa,
    porque juega con tu cuerpo, con tu mente,
    y deja que tu corazón estalle.

    Y no te quiere feliz,
    pues no eres nadie.
    Y a nadie le importa eso,
    pues no le importas a nadie.

    No esperes la mano amiga
    que te saque de este trance,
    que dé sentido a tu vida,
    tú no le importas a nadie.

    Las ideas se reanudan
    y ese tiempo incansable
    parece un lapso de tiempo
    muy pequeño y muy cobarde
    que no deja paso a añoranzas ni lamentos

  3. El mar y tú.

    Te vas hacia el mar
    cubierta de estrellas
    que te hacen brillar.
    Has parado el tiempo
    y cortado, ebria de sol,
    las amapolas.
    Meditas la esencia del mundo,
    seco de amor,
    que te atormenta.
    Toda el alma tuya
    parece llena de paz,
    gloria y grandeza.
    Has ido hacia el mar.
    Corriendo a las olas,
    sumerges tu cuerpo
    y te dejas llevar.
    Tu huella en la arena
    no volverá.
    Gritaremos siempre
    profundos ecos de amor,
    dolor de muerte.

  4. No hay palabras.

    Cabe tanta esperanza en un poema,
    tanta alegría, tanta ilusión,
    pero tanta tristeza,
    que no hay sentimiento humano
    que pueda expresarse todo
    mediante unas letras.
    Y es tan compleja la vida
    y tan profunda su esencia,
    que llena hasta lo infinito
    el alma de quien lo intenta.
    Y es que es tan fuerte el amor,
    pero es tan grande la pena
    que no hay palabras que plasmen
    las sensaciones que dejan.
    Pero yo quiero intentarlo.
    Quiero llenar la carencia
    que limita la materia,
    de sentidos más profundos
    que los que ellas expresan
    cuando fijan todo un mundo
    de fingidas experiencias.
    Quiero impregnar con la propia
    reflexión de mi existencia
    aquellas palabras mismas
    que componen los poemas,
    trozos cortados del alma
    profunda de los poetas.
    Quiero llenar el ocaso
    de sentimientos a ciegas
    con la luz de la palabra
    convertida en cosa nueva.
    Pero no hay palabras únicas
    cuando es única la pena,
    cuando es único el amor
    y única la existencia.
    No hay palabras especiales
    para poner tu alma en ellas.
    Y es que…
    Cabe tanta esperanza en un poema,
    tanta alegría, tanta ilusión
    pero tanta tristeza…

  5. Inmensidades

    Suspendido sobre el agua
    el cielo brilla.
    Una luz rubia cubre
    todo el mar.
    Es otro mar profundo,
    es otra arena,
    es otra bella tierra,
    es otra sal.
    Sólo hay quietud y calma,
    sólo armonía.
    La brisa roza el agua,
    luego se va.

    Observo con nostalgia
    esta imagen
    y siento triste el alma
    al contemplar
    sus dos inmensidades
    en un abrazo
    retenerte por toda la eternidad.

  6. Cuando tocas la guitarra.

    Cuando tocas la guitarra
    me haces sentir distinta,
    creo que porque la amas.
    Cada una de sus cuerdas
    es una llave que guarda
    los secretos de tu vida,
    la inquietud de tu mirada.
    Cada vez que con tus dedos
    le arrancas notas y cantas,
    todo el mundo se reduce
    a multitud de sonidos
    que se clavan en el alma.
    ¿Sabes por qué, cuando tocas,
    parece que el mundo para?
    Porque cuando, en un momento,
    se funden música y alma,
    es como si el mismo Dios
    te tuviera en su mirada.
    Cuando tocas la guitarra
    nuestros corazones se unen
    en sentimiento que arranca
    las mentiras transmitidas
    por medio de la palabra.
    Y me haces sentir distinta,
    creo que porque la amas.


  7. El azul eterno

    (Recordando a F.G.Lorca) 
    (A ti, que has querido aprender tantas cosas
    y buscar su sentido y su porqué,
    que has tratado de lograr un respuesta
    que saciara tus ansias de saber)


    Hay un camino que lleva hasta el cielo
    y el hombre lucha por poderlo recorrer,
    y llegar hasta el final y, sin fracaso,
    fundirse con la luz al renacer,
    formando así parte de su inmenso azul eterno.

    El profundo azul del cielo es misterioso
    y no tiene ni un principio ni un final,
    y su verdad es la verdad misma de los dioses
    que no se puede definir ni concretar
    porque, como todo lo infinito, es incontable.

    Hay un camino que lleva hasta el cielo,
    pero sólo los ojos del alma lo pueden contemplar,
    porque lo esencial es invisible a nuestros ojos
    y el azul es un color que no podemos conquistar
    pues es la esencia que el espacio robó al hombre.

    Y es que el hombre busca siempre lo imposible,
    y lo imposible es disfrutar la eternidad
    y lograr ser una estrella más del cielo
    sin perder la vida en el largo caminar
    que lo ha de convertir en ese sueño azul intenso. ……………………………………………………
    Pero el hombre seguirá buscando el imposible
    de alcanzar el misterio del azul,
    y se convertirá en estrella su alma sola
    y se fundirá con la esencia de un color
    transformándose en sombra luminosa e intangible.

    El hombre nunca logrará ser luz, color y cuerpo.
    Su ansia de ser eterno es solamente un frágil sueño.
    El sueño que aún vive es el color azul del cielo,
    el sueño que ha muerto es la profunda tristeza
    de no poder ser parte de su paz y su misterio.

  8. Cadencia perfecta

    Los sonidos que brotan en el alma
    y que hacen de esta obra un gran proyecto,
    jalonan poco a poco melodías
    que armonizan con todo el universo.
    Figuras que aisladas no son nada,
    se unen a otras más en los compases
    y la clave confiere entidad propia
    a las notas que vagan en el aire.
    El pentagrama da la pauta y da la altura,
    convirtiendo en agudos los más graves.
    El ritmo combina duraciones
    que dan lentitud o agilidad según agrade.
    Las partes las marcan las cadencias,
    las frases, los sonidos fulgurantes
    que varían de intensidad según requieran
    la naturaleza y el aire del pasaje.
    Así es la vida, igual que una gran obra,
    en las manos de quien ha de ser ejecutante.
    La personalidad la da quien la interpreta
    con sentimiento, pasión, amor y arte.
    Puede ser como una hermosa sinfonía
    de colores y sonidos consonantes.
    Y, al final, una cadencia perfecta,
    el final conclusivo y más brillante.

  9. Saber la vida

    (la vida es infinita, no es un tiempo.
    Aprendamos la lección que nos enseña
    )

    Cuanto más vive uno más ve y más desea
    poder aprehender el mundo entero:
    las cosas, los conceptos, las ideas,
    y la propia realidad con todos sus misterios.
    El camino de la vida nos enseña
    lo más simple y también lo más complejo,
    la verdad que se entrega con el alma
    o la mentira que se esconde tras un gesto.
    Apreciar lo que se tiene cuesta mucho,
    alcanzar lo que se quiere es todo un reto,
    valorar lo conseguido es tan difícil
    si ciframos su valor en nuestro esfuerzo…
    Buscamos en la senda de la vida
    otros pasos que precedan a los nuestros,
    otras huellas que definan nuestro rumbo
    o una luz que ilumine nuestros miedos.
    …Y ahí estás tú, con tu sabiduría,
    desgranando la vida con tus dedos,
    aprendiendo lo que ésta cada día
    te enseña con su voz y sus silencios.
    Aprender a mirar tras la mirada,
    aprender a escuchar los pensamientos,
    aprender a buscar entre las dudas
    aprender a encontrar en los secretos.
    Y ya ves, no es más sabio quien más sabe
    y se jacta de saber muchos conceptos.
    Es más sabio el que sabe qué no sabe
    y sí sabe que saber es más que eso.
    Hace ya una eternidad entera que eres sabio.
    Eres la voz de una experiencia sin preceptos.
    Quien sabe lo que sabe y lo transmite,
    quien entiende qué es la vida, sólo eso.

  10. Soñé

    Soñé la vida y que era
    la vida la calma plena.
    Soñé con noches tranquilas,
    soñé con albas serenas,
    soñé los cielos azules
    y el mar donde se reflejan,
    y los verdes de los montes
    con brillo de primavera,
    y el río con sus rumores
    y la fuente de agua nueva.
    Soñé que era la alegría
    como luz entre la niebla
    y que la paz era el rostro
    del amigo a quien esperas.
    Soñé con risas de niños
    felices de amor sin tregua.
    Soñé con voces de adultos
    calmadas, dulces, perfectas,
    y con los ojos del mundo
    y con las almas abiertas.

    Y era todo en este sueño
    tan real y tan de veras,
    que no supe si era un sueño
    o si era mi vida ésa.

  11. Alma.

    En una nube de sueños,
    de vaguedades y alondras,
    el alma busca un espacio
    libre de torpes historias
    que quebranten su silencio
    con gritos de ideas rotas.

    Ya no importan las palabras.
    No importa quién las evoca.
    Las voces se han apagado,
    han enmudecido todas
    acallando los secretos
    de otras vidas y otras y otras...

    Alejada de los ecos
    que golpean su memoria,
    halla la tranquilidad
    íntima, calmada, sola,
    en el cobijo apacible
    de una mente sabia en horas.

    Los recuerdos ya no cuentan.
    Ya no cuenta quién los llora.
    Las lágrimas se han secado
    en los ojos de la aurora,
    dando un respiro a esta alma
    que vive, por fin, ahora…

  12. Instantes.

    Hay momentos en la vida
    en que calla la palabra
    y deja sitio al silencio
    que lleno de paz y calma
    acaricia los perfiles
    de la realidad más clara.
    Hay instantes en la vida
    en que el sonido se apaga
    ante el poder de un momento
    que comulga con el alma
    y que con fuerza infinita
    la conmueve en sus entrañas.
    Hay momentos en la vida
    en que las voces se aplacan
    y se enmudece la mente,
    siempre locuaz y agitada
    por miles de pensamientos
    que la ocupan y reclaman.
    Hay instantes en la vida
    en que nos sobra quien habla
    ante la clara evidencia,
    perfecta, pura, pausada,
    de que sólo lo que observas
    te comunica y te sacia.

    Hay momentos, hay instantes
    llenos de luz, brillo y calma
    que desnudan nuestro ser
    haciendo visible el alma.

  13. Aún vive la esperanza

    Si he podido hacer daño sin querer
    con la simple omisión de una mirada,
    si he borrado el perfil de una ilusión,
    aún vive la esperanza.
    Si he acallado el sonido de una voz
    convirtiendo en silencio la palabra,
    si he apagado el brillo de una luz,
    aún vive la esperanza.
    Si he quebrado la fuerza de un abrazo
    que con gesto seguro me calmaba,
    si he escondido mi paz entre la niebla,
    aún vive la esperanza.

  14. Como el aire

    He acariciado el aire
    y he notado
    el frescor de la brisa
    entre las manos
    y he intentado retener
    entre los dedos
    la inmensidad irreductible
    de su espacio.
    Le he ofrecido mi cuerpo
    por llegar
    a sentir el poder
    de sus abrazos,
    y he quedado cautiva
    del color
    azul de su ser ilimitado.
    He querido ser del aire
    que se va,
    y perderme entre la paz
    de su regazo
    y he quedado pensativa
    junto al mar
    fundida con su luz y su milagro.

  15. Poesía I.

    La poesía es el alma
    del poeta aventurero
    que en busca de la palabra
    que exprese sus sentimientos
    pierde de su propia vida
    dando vida a los conceptos.
    Las palabras son materia
    que expresa los pensamientos,
    dando forma a las ideas
    y sonido a los silencios.
    Materia de poesía
    es la vida, es el misterio,
    la ilusión y la alegría,
    la pena y el sufrimiento,
    la propia naturaleza,
    el mundo y el universo,
    y lo que nace del alma
    y muere en el pensamiento.
    Poesía es experiencia,
    es el grito en el silencio,
    es la luz entre las sombras,
    es el agua en el desierto,
    es la sonrisa en el llanto,
    es la flor en el invierno,
    es la palabra hecha vida
    en cada uno de los versos.

 

Valoración crítica: una lectura de los poemas

  • La preocupación por las palabras recorre muchos versos de María: en una lectura continuada sobre unos cuantos poemas, da la impresión que la autora piensa con frecuencia que las palabras a secas, por sí solas, no son capaces de traducir exactamente los sentimientos, los pensamientos, las reflexiones, las frustraciones, las ilusiones del que habla. Para la comunicación, la expresión y comprensión de los sentimientos y pensamientos propios o ajenos, hacen falta otros recursos que amalgamen y den vida a esas palabras. A lo largo de sus poemas van apareciendo, así, las sensaciones corporales, las resonancias musicales, los colores, lo que dicen los sentidos para traducir lo que siente el alma:

“Y es que es tan fuerte el amor,
pero es tan grande la pena
que no hay palabras que plasmen
las sensaciones que dejan”
(No hay palabras)

  • La búsqueda de la palabra exacta para el sentido más profundo en su contexto, da así lugar a estos poemas que se vuelven, por tanto, “trozos cortados del alma”, trazos trenzados de la vida diaria, vida poetizada, poesía hecha realidad cotidiana muy sentida al paso de las horas, al flujo de las estaciones del año, o en el devenir ineludible de los mismos años. Pero esa búsqueda del sentido profundo de las palabras no tiene fin, precisamente porque, en el mismo contexto en que se producen, las palabras tendrían que matizar a un tiempo los dos aspectos que recorren la actitud poética de quien habla: la alegría y la pena, la esperanza y la tristeza. La realidad del alma, en definitiva, como tantos otros y otras, poetisas y poetas, hicieron desde tiempo inmemorial, y nos llegaron a nosotros de forma oral o escrita:

“No hay palabras especiales
para poner tu alma en ellas.
Y es que…
Cabe tanta esperanza en un poema,
tanta alegría, tanta ilusión
pero tanta tristeza…”
(No hay palabras)

  • El límite de las palabras. Precisamente por esas deficiencias expresivas de las palabras aisladas, la poesía de María recurre a una serie de campos con expresiones que van recubriendo los sentidos corporales, tantas veces traducción del alma de las personas y de las cosas: el tacto (he acariciado, frescor, entre los dedos, abrazos, regazo…), la vista (cautiva del color, la luz, la inquietud de tu mirada…), el oído (cuando tocas la guitarra, multitud de sonidos, se funden música y alma…), los aromas (violetas y amapolas)...

    Es decir, los sentidos corporales, las sensaciones físicas, nos llevan muchas veces más allá del significado que el diccionario da a las palabras. Las sensaciones acústicas, el oído, la música, por ejemplo, muy presente en las cadencias versales de este pequeño poemario, suplen la imposibilidad comunicativa de las palabras en la perspectiva de la poetisa:

“Cuando tocas la guitarra
nuestros corazones se unen
en sentimiento que arranca
las mentiras trasmitidas
por medio de la palabra”

En otras ocasiones, las palabras hasta son un estorbo para la realización personal, más allá de quien las usa:

    "Ya no importan las palabras.
    No importa quien las evoca [...]
    Las lágrimas se han secado
    en los ojos de la aurora,
    dando un respiro al alma
    que vive, por fin, ahora... "
    (Alma).

  • La música, en definitiva, como estructura melódica (comprensiva y expresiva) de la naturaleza, sustituye, completa, añade sensaciones personales a las palabras más trilladas: las sensaciones internas y externas que perciben los sentidos armonizan (comunican) las personas con su entorno: las realizan, les permiten entenderse a sí mismas, entender a otras, y entender lo que nos rodea cada mañana o a lo largo de la vida. Las mismas frases, pronunciadas o escuchadas, no son más que parte del paisaje humanizado, pero paisaje al fin, con todos sus componentes naturales. Con la música de la naturaleza nos comunicamos, nos expresamos, entendemos y nos entendemos; vivimos sentimientos que no caben en palabras:

“Así es la vida, igual que una gran obra,
en las manos de quien ha de ser ejecutante…
Puede ser como una hermosa sinfonía
de colores y sonidos consonantes.
Y, al final, una cadencia perfecta,
el final conclusivo y más brillante”
(Cadencia perfecta).

  • El silencio. En otros poemas, incluso, al otro lado de las palabras, la poetisa se comunica y se realiza en la ausencia de los sonidos mismos, le basta lo que observa: el silencio es significativo, habla también; sirve para entender y expresarse en su contexto adecuado. La ausencia de sonidos, sílabas, tonos, gestos, vocablos..., puede ser significativa también, sin el lastre con que el uso (o el mal uso) fue cargando las palabras en el tiempo. En ocasiones, incluso, el silencio deja lugar a una esperanza comunicativa que no garantizan las oraciones, las frases, los discursos más elocuentes..., por deslumbrantes que se pronuncien y por mucho que se rebusquen:

    "Hay momentos en la vida
    en que sobra la palabra [...]
    Hay instantes en la vida
    en que nos sobra quien habla,
    ante la clara evidencia [...]
    de que sólo lo que observas
    te comunica y te sacia.

    Hay momentos, hay instantes
    llenos de luz, brillo y calma
    que desnudan nuestros ser
    haciendo visible el alma"
    (Instantes)

    "Si he acallado el silencio de una voz
    convirtiendo en silencio la palabra,
    si he apagado el brillo de una luz,
    áun vive la esperanza"
    (Aún vive la esperanza)

  • Los colores son recurso expresivo que recorre muchos poemas. Y destaca, sobre todo, el color azul (el azul eterno, el profundo azul del cielo, ese sueño azul intenso, alcanzar el misterio del azul…). Suele interpretarse el azul comol símbolo de la paz, la estabilidad, la profundidad, la sabiduría, la inteligencia, la fe, la verdad, la eternidad, el frescor, la ilusión, el sueño de la distancia … En varios poemas la autora recurre al color azul como camino hacia la verdad personal por encima de las palabras y los sentidos: lo que está más allá del camino, el sueño de la conquista (la búsqueda de lo esencial) con la certeza de que será inalcanzable. Pero es la única ilusión que da sentido a la vida, frente a la realidad, el tiempo real:

    “El sueño que aún vive es el color azul del cielo,
    el sueño que ha muerto es la profunda tristeza
    de no poder ser parte de su paz y su misterio”
    (El azul eterno).

  • Una sintaxis musical: rítmica, cadencial, paralelística, dedicada a la articulación y al oído. A lo largo de muchos poemas, los versos se encadenan con estructuras sintácticas paralelas (parelelismos, antítesis, contrastes...) que progresan con unos componentes nuevos sobre otros repetidos; lo que importa en ellos es la búsqueda de la palabra precisa a la hora de expresar aquel sentimiento esencial, de antemano considerado imposible: se diría que la sintaxis está al servicio de los sentidos, más allá de sujetos, verbos y complementos. Por ejemplo:

    "Apreciar lo que se tiene cuesta mucho,
    alcanzar lo que se quiere,es todo un reto...
    Aprender a mirar tras la mirada,
    aprender a escuchar los pensamientos,
    aprender a buscar entre las dudas
    aprender a encontrar en los secretos"
    (Saber la vida)

  • Paralelismos, contrastes, dualismos metafóricos... Toda la poesía de María Dolores fluye, así, melódica en la lectura silenciosa, o al oído, estructurada en un lenguaje poético tejido con abundantes estructuras correlativas, lo mismo en la forma verbal que en el pensamiento (el sentimiento existencial) paralelo que connota. Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre en la naturaleza, cuando pinta con palabras lo que ocurre en el devenir del alma en la vida diaria:

    "Si un claro amanecer sigue a una noche
    profunda, oscura, sin estrellas,
    recuerda que en la senda de la vida
    la alegría da la mano a la tristeza"
    (Si...)

  • El encabalgamiento versal: el ritmo interno de los versos, la pausa versal multiplicada por la ruptura (y la espera) suspensiva de la frase. Otra de las estructuras del lenguaje poético dosificado por la poetisa en cada verso es la ruptura intencionada de la frase, de forma que se deje en suspense algún componente sintáctico al final de un verso, para que multiplique su efecto significativo en el comienzo inmediato (impresivo) del siguiente. La la pausa fónica obligada duplica de esta forma el efecto inesperado entre uno y otro: se multiplica el sentido de los dos vocablos (el que termina el verso, y el que lo comienza). El encabalgamiento es, por tanto, fónico, sintáctico y semántico al tiempo, de donde el efecto connotador que ello supone para los lectores, o para quien recita los versos:
    "He querido ser del aire
    que se va,
    y perderme entre la paz
    de su regazo
    y he quedado pensativa
    junto al mar
    fundida con la luz
    y su milagro"
    (Como el aire)
  • La recreación mágica de los sentidos. En la perspectiva de la autora, más allá del entramado sintáctico, retórico, cadencial, de unos versos, la comunicación por los sentidos parece la única forma de vida plena, de comunicación posible: el sentimiento de la naturaleza, las estaciones del año, la luz, los colores..., son la base de la vida misma y de su realización absoluta. La expresión del alma. Una especie de realismo mágico más allá de las palabras:
    "Soñé la vida y que era
    la vida la calma plena.
    Soñé con noches tranquilas,
    soñé con noches serenas,
    soñé los cielos azules [...]
    Y era todo en este sueño
    tan real y tan de veras,
    que no supe si era un sueño
    o si era mi vida ésa"
    (Soñé)

La realización a través de los sentidos late en muchos poemas, en los que el protagonista poético se desdobla y dialoga con su otro yo, repleto de luz, color, voz, calor, aromas, silencios...; entonces, la vida se vuelve sueño efímero, frente a la realidad cotidiana más desarraigada:

    "Y sueñas con violetas y amapolas,
    floreciendo entre la vida y el amor;
    y sueñas con alondras de esperanza
    que anidan para siempre en tu interior.
    Y quieres ser eterno, libre, niño,
    ser la imagen sutil de una emoción,
    y te vas como un sueño, en un suspiro,
    dejándonos vacío el corazón"
    (Recuerdos).

  • El lenguaje poético: la comunicación esencial. En el conjunto del poemario de María, las palabras sólo expresan los sentimientos más profundos cuando se tejen en un poema, con los recursos de todos los sentidos; sólo entonces, puede expresar ilusiones o sufrimientos, luces y sombras del alma a la vez. Es, por tanto, el lenguaje perfecto, la única forma de comunicación total:

    "La poesía es el alma
    del poeta aventurero
    que en busca de la palabra
    que exprese sus sentimientos
    pierde de su propia vida
    dando vida a los conceptos...
    Poesía es experiencia,
    es el grito en el silencio,
    es la luz entre las sombras...
    es la palabra hecha vida
    en cada uno de los versos"
    (Poesía I)

  • En resumen: la lectura de algunos poemas de María Dolores me lleva a la conclusión grata de que todas las formas de lenguaje (verbal, gestual, musical, pictórico, técnico, científico, artístico, cibernético...) pueden servir para la información y la comunicación en su contexto específico, y en su mayor o menor medida según quién lo maneje: cada uno tiene sus palabras, sus signos, su símbolos...

  • El lenguaje poético, en concreto, como el lenguaje musical, el artístico..., va más allá de los vocablos, de la sintaxis, del significado de las palabras, pues de la combinación de todas ellas, del juego al filo de la pluma o del ordenata del escritor (la escritora, en este caso) florecen las imágenes verbales que sirven a unos para expresar mejor los sentimientos más profundos y expresarse, a un tiempo; y a los otros, a los lectores, para entenderse un poco mejor a sí mismos, al tiempo que intentamos descifrar el alma de los demás. Porque, y más que nunca hoy, la palabra se nos va quedando pequeña. Como dice la autora:

    "He comprobado, de nuevo,
    con gran tristeza,
    que a mí, como a Juan Ramón,
    te me haces pequeña
    cuando quiero que seas
    el nombre de las cosas
    que el alma encierra"