Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

“A todas aquellas mujeres que venían a casa de mi abuela. Mientras iban llenando la cesta de la compra, vaciaban su interior oprimido dejando que las palabras se deslizaran entre sacos de legumbres, cajas de fruta, la sal y el azúcar y la tristeza y la alegría que pesaba una báscula, cuya aguja marcaba los gramos de un tiempo duro”
(p. 123)

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El secreto de la melancolía.
Dorita García Blanco.
Tal y Cual. Ediciones Trabe, 2013 .

Extracto de las palabras
de Julio Concepción Suárez
en el Club de Prensa
de la Nueva España,
25/04/2013,
presentación de la novela
El secreto de la melancolía,
de Dorita García Blanco.

A) La vida que renace a través de la palabra

La lectura de la obra puede tener muchas interpretaciones, pero la dedicatoria de la autora tiene unas resonancias muy concretas, con algunos recursos verbales que no parecen fruto de la casualidad. A modo de ejemplo:

  1. La insistencia en la conexión de unos productos (el polisíndeton). El estilo sintáctico insiste en los recursos de conexión: "la sal y el azúcar y la tristeza y la alegría". Da la impresión que en la vida tan importante es el alimento físico (las legumbres, la fruta, la sal, el azúcar...), como el alimento emocional (la tristeza, la alegría); es decir, lo dulce, lo amargo; lo positivo, como lo negativo; lo que entra por los sentidos, como lo que entra por la imaginación, las sensaciones, lo subjetivo. Todo ello pesa igual a la hora de caminar por la vida, sobre todo en tiempos duros, como recoge el contexto de la obra.

  2. La expresión figurada (la metáfora). Esas realidades concretas se pesan con la misma balanza, y en gramos, hasta el detalle, lo mínimo: que suponía un gran peso para aquellas mujeres de medio siglo atrás, tal como expresan ellas mismas en una tienda de pueblo a la hora de comprar cada mañana. Y todo por una estructura familiar donde el marido parece que dejaba a la mujer relegada a una simple mecedora: el trabajo en silencio, el menosprecio, la indiferencia, la depresión consecuente. De forma paradógica, al final, la mecedora será precisamente el lugar del hombre de la casa. Se invirtió la tortilla...

  3. La autorrealización por la palabra (logoterapia, autoterapia). Las palabras, la voz oral, impresionaban ya a la autora desde bien pequeña, de forma que las usaría más tarde como recurso literario a la hora de dar solución a problemas concretos en la vida adulta. Por ejemplo, en la construcción de unos personajes ficticios capaces de sacar a las personas del estado de frustración en que se encuentren. Que el "yo" bueno libere al "yo" deprimido (curación por la palabra, logoterapia, autoterapia, en dedifinitiva).

B) La función didáctica de la voz oral: la tienda, el lavaderu, el chigre...

En todos los pueblos había unos lugares de encuentro diarios, en unos tiempos sin tele, sin móvil, sin cafeterías más holgadas. Todos y todas escuchaban, hablaban, pero, sobre todo, aprendían unos de otros. A un médico de ciudad, incluso, le oí decir que tenía por sicólogo y siquiatra al chigreru del barrio. La razón es clara: en estos espacios comunes unos liberaban sus penas contándolas simplemente a otros o a otras, que les contestarían con mejor o peor receta, pero sobre todo escuchaban sus desahogos. No era poco, como hoy mismo lo sigue siendo en espacios parecidos, o en clínicas de pago más sofisticadas (sicoterapia, medicina alternativa, homeopatía...).

El caso es que en la novela de Dorita aparece como escenario remoto de la acción una tienda de pueblu (la tienda unitaria), en la que entre los productos a la venta se intercambiaban las preocupaciones y problemas de las clientas que compraban. Más aún, como también ocurre hoy, algunas muyeres más que a comprar, acudirían a la tienda a charlar con la tendera; a expresar sus pesares; a enterarse de los problemas de otras que pudieran ser parecidos a los suyos. A buscar alimento para su alma deprimida.

La función de la palabra oral en aquella tienda del pueblu motivó en la niña, futura autora, una novela después. La niña fue creciendo, recordó las palabras, entendió mejor los problemas de aquellas muyeres, y creó una estructura novelística aportando su solución particular a la protagonista de la acción. La fuerza, la curación por la palabra una vez más. Se inventó un "yo" liberador, a partir de un marido incomprensivo. La esposa deprimida fue enterrando el pasado oscuro y gris, sustituido por un presente lleno de colorido y autoestima. El símbolo del cine es bien significativo.

C) La lectura y la escritura como liberación personal

El objetivo de la autora en la obra (consciente o no también) se diría que se resume en pocas palabras:

"A través del tiempo he logrado transmitir mis palabras a muchas generaciones..., lo que verdaderamente me importa es la palabra transmitida, las letras negras estampadas en páginas de blancos matices bailando ante miles de lectores que derraman cada día sus caricias sobre nosotras, algunos haciendo que nos sintamos libres y deseadas; queriéndonos y odiándonos otros, tomándonos o dejándonos, pero siempre leyéndonos" (p. 121).

Es la función de la lectura y de la escritura a un tiempo: diversión, investigación, crítica, terapéutica..., depende en cada caso. La lectura como forma de liberación personal y social: en este caso, bajo esta perspectiva femenina y feminista, tal vez tan necesaria hoy más que ayer, incluso. Antes, porque la mujer soportaban todo el peso de la casa pero no estaba valorado su trabajo, más allá de las faenas agrícolas y ganaderas. Hoy, porque además de seguir trabajando en casa, tienen otras muchas funciones laborales también. Lo importante es que, como dice la novela, por lo menos todos sigamos leyendo. Algo quedará siempre, para seguir progresando.

Unos escribiendo y otros leyendo, completan el proceso que siempre abre la primera página de un libro, la portada misma, sin ir más adelante: el título, el dibujo, el color, el tacto, el aroma de las páginas del libro. El sabor de las palabras. El que escribe selecciona el formato, el estilo, el argumento; el que lee se recrea, se realiza en uniendo los cabos que tejió el autor, consciente de ello o no. Ambos son coautores de algún modo del texto que empieza a ver la luz. Y lectores o lectoras sucesivos seguirán completando el mundo virtual del texto en el tiempo, tantas veces como lecturas sean posibles con las mismas páginas escritas. La magia de las palabras.

D) Una estructura temporal renovadora

Se diría que la nueva obra de Dorita García Blanco desarrolla ahora otra perspectiva nueva, sólo connotada en otras sus anteriores: la renovación interior de una mujer tejida con el mundo virtual de unas palabras que van creciendo paralelas al ciclo de los meses y estaciones del año. Se diría que en esta novela la autora recurre a la fuerza indestructible de la naturaleza, como fuerza imparable capaz de convertir a una mujer gris, deprimida, infravalorada, sometida, en una mujer libre, pletórica de colorido, juventud y sensaciones renovadas. Una novela femenina y feminista, en ese estilo a medias entre la creatividad personal y la crítica social que caracteriza su trayectoria anterior.

Enero.

  • "Yo estaba allí, bajo el cielo de las noches de enero, y el azogue de los rayos de la luna que tejían ilusión alrededor de la naturaleza dormida del invierno" (p. 9).

  • "El comienzo de enero daba paso a un año diferente, y algunas personas, por el simple hecho de comenzarlo, decidían cambiar de vida, o decidían cambiar de vida porque yo lo decidía" (p. 9).

  • "Así brotó la historia de Leonila, la mujer frágil que tardó más de cuarenta años en soltar el nudo que Fabián iba apretando cada día desde el mismo momento que se habían conocido" (p. 10)

  • "Ella decidió que el nuevo año sería diferente, no sabía cómo ni por qué, pero aquel invierno parecía que había que había comenzado a derramar sobre su cabeza pequeñísimas gotas de razón, un jarabe libertador, que, aunque en pequeñas dosis, podía ser el principio del fin que se había propuesto" (p. 10)

Febrero.

  • "Las mañanas bajaban hasta la galería y traspasaban los cristales llenando de luz cada resquicio de la casa. Febrero en Rivas Altas no era un mes querido. Se le tenía en consideración por el puente que tendía entre el invierno y la primavera... : un mes que quería vestirse de primavera, y todavía rezumaba frío y oscuridad" (p. 15)

  • "Y lo conseguiré. Iré desgranando mes a mes los sinsabores de Leonila..., las ráfagas de aire que de vez en cuando sacuden Rivas Altas y se meten en la cabeza de la protagonista para hacerla entender que aún está a tiempo, y darle el valor que necesita para romper un año que puede ser el último de todos, el último de su extraña manera de vivir" (p. 19).

Marzo.

  • "Yo contemplo la llegada de los días con satisfacción..., porque los colores y los olores de la naturaleza le dan un brillo diferente a los volantes negros que cubren mi cuerpo descolorido a la vez que cambian el olor rancio de lo antiguo por la fragancia de la nueva estación que está a punto de comenzar" (p. 31).

  • "Las margaritas blanqueaban los bordes de la casa y las hojas de los árboles revoloteaban al son de una leve brisa que rozaba el rostro de Leonila en un empeño de inyectarle gramos de serenidad. La primavera empujaba con fuerza los números negros del calendario" (p. 24).

Abril

  • "Al fin alguien me estaba rescatando, y yo, de nuevo, me ponía en marcha para distraer al dueño o dueña de aquellas manos que iban a encontrar en mí una fuente inagotable de gratitud por haberme liberado" (p. 28)

  • "Aunque mi nueva dueña parece interesada en mi historia, hubo un momento en que sentí miedo de su interés, porque así como mis amos anteriores parecían sufrir con mi presencia, y no pararon hasta arrojarme al fondo de su desamor, la joven a la que pertenezco ahora parece sentir de otro modo, especialmente desde que ha sabido que Leonor y Fabián tuvieron unos comienzos de amor que ella nunca llegó a conocer" (p. 38).

Mayo

  • "Estos días están planeando unas vacaciones para contemplar el esplendor de la naturaleza en un paisaje de montaña que durante el mes de mayo se viste de colores atractivos y recibe a los visitantes entre arbustos radiantes que han despertado del sometimiento del invierno a la libertad de la primavera" (p. 40).

  • "Solamente el globo hinchado de la luna era el calmante para sus noches de insomnio, así como la naturaleza viva que la rodeaba era el único atisbo de vida que la ayudaba a proseguir por aquel camino embarrado de los secretos de su madre y abuela, entre los que estaba el suyo" (p. 48).

Junio

  • "Me parece que el viaje a la naturaleza ha serenado el espíritu de mi dueña..., ha sido el elixir mágico que les ha dado fuerza para comenzar una vida racional de cara al estío que está a punto de comenzar" (p. 51)

  • "Fueron cuatro días inolvidables, en los que disfrutamos a tope de la vegetación, de la fauna de montaña, del agua del arroyo..., y cuyo manantial brotaba cerca de otro caserío olvidado, entre la vegetación escandalosa de una montaña plena de vida y naturaleza" (p. 65).

Julio

  • "El hotel del parque de las Ubiñas se había convertido en un símbolo, plantado en un mapa sórdido que se presentaba ante ella dibujado entre los colores de un paisaje diferente que nada tenía que ver con el blanco y negro de su vida cotidiana" (p. 74)

  • "Ella no está dispuesta a seguir más directrices que las que le dicta su propio yo" (p. 82).

Agosto

  • "El verano latía con fuerza en Rivas Altas. Fabián se volvía un poco más humano, por efecto del calor, y descendía de su pedestal de dios, para dirigir la palabra a su mujer" (p. 84)

  • "Al igual que Leonila yo también espero un milagro, pero la diferencia estriba en que ella no tiene ninguna posibilidad, mientras que yo sí la tengo..., porque en mi continuo deambular de mano en mano, he adquirido la solidez y la fuerza necesaria para luchar por mi supervivencia, mientras que Leonila las va perdiendo poco a poco. Pero haré el milagro. Seguiré con la historia adelante y cuando esté a punto de terminar este año que quiere ser el último de mi existencia, resurgiré de entre todos los que me han acariciado, de entre todos los que me han abandonado y de entre las lenguas que me han vilipendiado, y arrastraré a Leonila a la inmortalidad que persigo para mí" (p. 88).

Setiembre

  • "Septiembre en Rivas Altas era un mes parecido a febrero; si en éste, el frío molestaba por las mañanas, en setiembre lo hacía por las tardes, que giraban la llave de la luz cada día más temprano. Leonila llegaba a las puertas del otoño lo mismo que a las de la primavera, o a las de cualquier otra estación, extenuada de tanto vivir sin vida. Agotada por el paseo de cada día entre los sinuosos senderos de una existencia vacía, carente de afectividad, exenta de compromisos, ociosa y amputada por una indolencia absurda que la había paralizado" (p. 89).

  • "Después del desayuno, [Leonila] no se abandonó a los balanceos de la mecedora como de costumbre, sino que se arrimó a la incandescencia de una cocina tan antigua como ella misma, que aún mantenía el calor suficiente para cocinar la subsistencia de aquellas almas controvertidas y aliñar sus alimentos con la sal del único calor que rozaba la piel de Leonila y aquella mañana parecía haberle inyectado una dosis de energía a través del primer café" (p. 90).

Octubre

  • "Nila lo contemplaba atónita, deslumbrada por un impulso que la empujaba continuamente hacia la liberación que había deseado y crecía en su interior dotándola de una fuerza hasta entonces desconocida" (p. 103)

  • "El agua canta por los tejados y yo recibo con gratitud las primeras lluvias del otoño. Me siento mejor desde que mi actual dueño me tiene en cierta consideración. No espero demasiado, pero tal vez la humedad de estos días esté contribuyendo a que me sienta más flexible, a que la aspereza a que me han sometido los años se convierta en un tejido dócil y maleable donde mi dueño actual pueda sentir sin dificultad los sentimientos que deseo transmitir" (p. 108)..

Noviembre

  • "Nila... sintió que también estaba barriendo los recuerdos que la habían atormentado. Se dio cuenta que, a la vez que había limpiado las paredes de la cocina y desatascado el fregadero, había higienizado gran parte de su pensamiento, y una nueva sensación de bienestar parecía fluir desde su yo más íntimo, hacia la nueva vida que estaba a punto de comenzar; igual que el agua que corría libremente por el orificio del fregadero sin que ningún poso adherido a la tubería la detuviese" (p. 112)

  • "Me gusta el silencio de Leonila cargado de recuerdos, mientras me avasalla el silencio de Fabián, que guarda demasiado ruido dentro de sí mismo, y apaga el amor y la comunicación hasta destrozar las palabras. No permitiré nunca que nadie descuartice mis palabras. Mis testimonios han de permanecer imperecederos, como yo misma, como mis antepasados, y cuando alguien intente atraparnos dentro de cuerpos extraños, hemos de estar atentas para que permanezca nuestra estirpe con la misma dignidad con que lo ha venido haciendo desde montones de años. Nosotras somos la historia, la superstición, la leyenda, la plegaria, el mito..." (p. 114).

Diciembre

  •  “Diciembre era el final de aquel año y para Nila el principio de otros muchos que deseaba vivir con fuerza. Acudió cada semana al cine y vio todas las películas que tenía pendientes... Cuando regresaba radiante, satisfecha y emocionada por vivir durante dos horas otras vidas diferentes a la suya, a la de su abuela, a la de su madre..., él la esperaba desconcertado, sentado en la mecedora –que hizo suya el mismo día que consideró que lo había abandonado-“ (p. 118).

  •  “El día 15, pensando ya en las fiestas que estaban a punto de llegar, se fue sola de compras, sin su presencia ni su permiso. Cuando la vio llegar, cargada de paquetes, envueltos artísticamente en papel de colores, atados con cintas brillantes, se desmoronó. Entró en un estado que le impedía levantarse de la mecedora” (p. 119)

  • “El día de Navidad, Nila dispuso una comida elegante, donde no faltaron las delicias propias de aquellos días, los regalos que había comprado con ilusión... Ella salvó de su encierro los cuadernos de juventud, que había dejado en blanco para casarse. En las tardes frías de aquel invierno memorable, ante los cuadernos amarillentos por el tiempo, comenzó a plasmar sus reflexiones de años. Empezó a escribir sobre el respeto hacia uno mismo, antes quizá que hacia los demás, cosa que acababa de descubrir... Tenía sesenta y cinco años”

En fin, la novela de Dorita sigue esa línea ya iniciada en esta trilogía que viene desarrollando en un tiempo récor, como tenemos el gusto disfrutar: la función creativa de las palabras, cuando tantas veces la realidad es tan contraria y poco placentera. La construcción de un mundo virtual en el que podamos vivir, todos y todas, un poco mejor.

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