Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

Algunas técnicas
para el Comentario crítico de textos
(el Análisis de textos)
Bachillerato, 1º, 2º, PAU, ESO...

Texto 2. Animalia.

"Hace unos días vi un documental fascinante en La 2 sobre los pumas. Resulta que son unas criaturas solitarias; viven siempre aislados salvo en la época del celo, momento en el que machos y hembras se unen formando parejas que duran alrededor de una semana. Durante ese tiempo duermen y cazan juntos y se aparean entre cincuenta y sesenta veces al día; pero después de esa semana gloriosa, de esa primavera feliz y fulgurante que debe de parecerles eterna mientras dura, cada cual se marcha por su lado. Ella, al trabajoso destino de parir y cuidar a las crías; él, a seguir pavoneándose por los montes (el puma del reportaje era un gatazo guapísimo que debía de embelesarlas a todas).

Claro que no todos los animales son iguales. Gracias a Konrad Lorenz, el padre de la etología, sabemos que los patos son unos seres cariñositos y monógamos. Forman parejas estables que duran toda la vida e incluso hay «matrimonios pato» que se hacen castamente cargo de las hermanas de la esposa, hasta que éstas a su vez encuentran marido. O sea, que poseen una propensión innata a formar familiones. Son tan fieles los patos, tan profundos y perseverantes en su afecto, que resultan conmovedores y envidiables. Pero lo malo es que también resulta envidiable, por otro lado, la vertiginosa intensidad del puma. La explosión de sensualidad felina frente a la placidez oronda de los palmípedos.

Se me ocurre que muchos de los problemas que la cuestión amorosa provoca en el ser humano se deben a esto. A que hay personas que son pumas pero quisieran ser patos, y viceversa. O aún peor: a que muchos individuos no terminan de decidirse entre una cosa y otra, porque somos una especie que lo quiere todo. Isahia Berlin dice que los escritores se pueden dividir entre erizos y zorros; los primeros se hacen una rosca y siempre le dan vueltas al mismo tema, mientras que las raposas son bichos itinerantes que avanzan sin parar por asuntos distintos. Si se mira bien, tal vez en el fondo todo se reduzca a la misma cuestión: a un conflicto esencial en el ser humano entre el nomadismo y el sedentarismo, entre el descubrimiento y la construcción, entre quedarse e irse. Entre arder en el presente o vivir a la espera de que el futuro llegue".

Rosa Montero

1. Resumen (sólo a modo de ejemplo):

En un documental de la tele aparecen los pumas como individuos solitarios, que sólo forman parejas en época de celo. Tras un apareamiento intenso, la hembra vuelve a la dura tarea del trabajo y de las crías, mientras el macho sigue sus aventuras amorosas. Los pastos, en cambio, se muestran como parejas estables. El autor los compara con los humanos: los hay como pumas, como patos, y los hay indecisos, que quisieran ser ambas cosas a la vez. Isahia Berlin pone el ejemplo de los escritores: los hay como erizos, los que siguen dando vueltas siempre al mismo tema, sin arriesgar pero más constructivos; y los hay como zorros, más audaces y ansiosos por descubrir caminos nuevos.

2. Comentario crítico (sólo a modo de ejemplo también):

El texto de Rosa Montero me resulta, por lo menos, ingenioso: con motivo del comportamiento de dos animales bien distintos, la autora aprovecha la ocasión para comparar la actitud de los humanos, y en concreto de los escritores, en ocasiones tan contradictorios e indecisos. Es, sin duda, la búsqueda de un equilibrio ideal, sólo posible en la mente o en la quimera de cada uno y cada una.

Comienza la periodista, que escribe a veces en La Nueva España, explicando comportamientos animales tan enfrentados ( función representativa del lenguaje): el de los pumas, solitarios, aislados, salvo en esa época de celo. Pasada la euforia, abandonan pronto luego su pareja a la suerte del trabajo diario. Y el comportamiento de los patos, que son todo lo contrario: monógamos, fieles, perseverantes y cariñosos hasta con las hermanas casaderas de la esposa.

Continúa la autora del texto enfrentando cualidades animales. Los pumas son olvidadizos, descastados: tras la intensidad amorosa pasajera, abandonan esposa e hijos a su suerte o a su desgracia, siempre ellos de guaperas en las conquistas de otras hembras. Los patos, en cambio, son responsables, construyen la familia cada día, no sólo con la esposa y propios hijos, sino con el cargo de la familia allegada también. Hasta aquí parece que la autora se limita al contraste objetivo de comportamientos, como si no quisiera tomar partido.

Ahora bien, como el texto parece de un periódico, pronto quiere hacer que el lector tome postura y opine ( función apelativa del lenguaje ). Así ella misma adelanta una primera opinión (líneas 10-12): admira la fidelidad del pato (" son tan fieles los patos... que resultan envidiables "); y a continuación resalta la sensualidad de los pumas (" la vertiginosa intensidad del puma "). Tal vez sea el truco, la chispa que suelta para mover al lector a que opine, a que, por lo menos, contradiga a la autora en esa aparente paradoja motivada (función apelativa del lenguaje). En definitiva, la periodista va preparando el camino para que tomemos postura ante el comportamiento animal, y luego, ante el humano.

Incluso la periodista nos va conduciendo a una reflexión profunda: el conflicto ineludible de los humanos a la hora de tomar postura y decidirse en cualquier encrucijada (línea. 18). Porque tal como lo cuenta, por lo menos en la cuestión amorosa, presenta a muchos individuos como incapaces de decidirse, porque lo quisieran todo al tiempo. En este punto la autora parece que critica las actitudes humanas: los animales son lo que son, y no tienen que tomar decisiones; no son libres, y cada uno es feliz a su modo. Las personas, en cambio, actúan con libertad y ello las sitúa en desventaja a la hora de decidir: es lo bueno y lo malo de ser libres.

Con el ejemplo de Isahia Berlin, parece insistir en la misma idea dando un paso más: estamos condenados a elegir constantemente entre comportamientos contradictorios, pues hasta los casos extremos tienen ventajas y desventajas. Las cosas no son tan sencillas: ni cerrase siempre en la comodidad de lo conocido y lo seguro (como los erizos); ni volverse constantemente ansiosos por las novedades, sin construir nada positivo (como los zorros y las raposas). Ése -parece decirnos la autora- es el conflicto de cada día: y nadie podrá decidir por nosotros ni por nosotras. Eso es lo grave.

Por esto decía yo al principio que el texto me parecía ingenioso: nos obliga a decidir. Con un léxico sencillo y una sintaxis fluida, y con esos símbolos animales para desarrollar el ejemplo casi metafórico de la vida misma ( función poética del lenguaje ), la autora consigue movernos a responder. No obstante, yo creo que inclina la balanza a favor de la inquietud frente al conformismo, del nomadismo frente al sedentarismo. Y ello por una razón: ante la disyuntiva de " arder en el presente " o de " vivir a la espera " (última línea), una mayoría (más o menos jóvenes o mayores) respondería sin titubeos: " bueno algo habrá que arriesgar, no vamos a quedarnos parados para siempre, nadie nos va a dar las cosas hechas, etc., etc .".

En fin, el texto me gustó: está bien organizado en esas dos dicotomías que se continúan desde el principio al final: pumas y patos , traducidos luego a zorros y erizos . Hasta se podría hacer un diagrama o un esquema de ideas, semejanzas y contrastes muy ilustrativos: se podría visualizar el texto en pocas palabras. La periodista es clara y didáctica: nos va llevando del reino biológico, al mundo humano y al interior más intelectual, de forma amena, progresiva y calculada. Nos hace observar, dudar y saber que sólo nosotros tenemos que decidir, con todos los riesgos que lleve la opción adoptada. Pero el "conflicto esencial" es inevitable. Angustioso, a veces.

Yo le pondría a la autora una objeción léxica: eligió unos animales que no pudo mantener hasta el final. Está muy bien lo de puma, pato, erizo ..., pero lo de zorro le traicionó, pues al final (para aludir al género femenino , las escritoras) lo sustituye por raposa, claro: no puede decir "las zorras son bichos itinerantes", sino "las raposas son bichos...". Aquí entraríamos en la manipulación de las palabras: ¿por qué zorra se aplica negativamente a las mujeres? La discriminación por las palabras tantas veces. En todo caso, me quedo con una frase de la autora: " O aún peor... muchos individuos no terminan por decidirse entre una cosa y otra..." (línea 15). Me parece la clave del texto.

Xulio Concepción Suárez

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