Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

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Las castañas del otoño

Por Rebeca Riera Suárez

Ya se acabó el verano, y ya esta aquí el otoño. Las flores de las castañares eran como trenzas rubias que ahora se convirtieron en erizos verdes. Hoy, por fin, dejan entrever el marrón oscuro de las sabrosas castañas que llevan dentro. Pronto veremos cómo también la nieve aparece por los cantos creando ese paisaje multicolor que tiene Asturias en esta época. Estamos en otoño: la seronda, la seruenda en lo spueblos.

Cuando paseamos por cualquier camino, en los bordes de la carretera nos tropezamos con los erizos: unos abiertos, otros cerrados, y con montones de castañas sueltas alrededor. La verdad es que ahora hay muy poca gente que se dedique a recogerlas. Los tiempos han cambiado, cuando antes no se desperdiciaba ninguna, pues eran el sustento imprescindible para buena parte del invierno y del año arriba.

Se puede decir que las castañas estaban almacenadas en casa como si fueran patatas. Constituían un alimento imprescindible en muchos hogares, pues el hambre apretaba. Me estoy remontando a la época de la guerra civil, y digo que se consideraban un verdadero alimento porque a veces una familia se tenía que alimentar con el simple caldo de cuatro castañas. Ahora nadie se para a pensar lo que este fruto seco les proporcionó a nuestros mayores en aquellos tiempos de hambre y escasez, donde lo que tenían para llevarse a la boca era lo que la tierra les ofrecía.

Me tiene contado mi bisabuela cómo tenían que caminar por el castañero durante horas para recoger en una especie de bolsa (que aquí llaman fardela) las castañas. Cuando la fardela estaba llena, la iban vaciando en sacos que luego cargaban a lomos de un caballo o un burro, camín de casa.

Estas castañas que iban recogiendo durante días tenían múltiples funciones en la vida familiar: primero, servir de alimento tanto para las personas como para los animales; y luego, también se vendían al trueque entre otras muchas cosas. Se permutaban, se intercambiaban con otros productos: nun había perras pa comprar ni vender.

Por otra parte, las castañas son un alimento fácil de conservar cuyo principal enemigo son los roedores. Pero aislándolas fuera de sus dientes, y poniéndolas a salvo también de la humedad, se se secaban al calor del fuego, y se conservaban durante todo el año.

Se comían crudas, cocinadas como cocido y asadas. Las que se secaban se llamaban mayucas. Al igual que los tipos de manzana, también las castañas por su forma tenían varios nombres: rubiales (cuyos erizos eren rubios), las xidras y las baldunas, que eran castañas bastante más grandes que las otras... Las que estaban vacías, sólo pelleyu, se llaman vechecas.

En las largas noches de invierno recuerdo cómo mí abuela pelaba las castañas que sujetaba en su regazo para después echarlas bien cocidas a los cerdos. Así las aprovechaban más y engordaban primero los animalillos del samartín.

En fin, en tiempos más precarios, en aquellas épocas duras para las familias en los pueblos, las muyeres y los homes iban casi a amanecer al castañeru, para evitar que los jabalíes y otros tipos de animales comieran tan preciado fruto. Lo mismo pasaba con las nueces y las avellanas.

Eran los tiempos en que había que vivir del medio y del pueblu.

The chestnuts of autumn

The summer is over and here is autumn. The flowers of the chestnut trees that looked like blonde plaits have turned into green burs and today, at last, we start to see the dark brown colour of the tasty chestnuts they keep inside. Soon, we will also be able to see the snow that, at this time of the year, covers the peaks of the mountains creating the typical multicolor landscape of Asturias. We are in autumn (the seronda, seruenda, in the villages).

As we stroll along the paths, we can see the burs of the chestnuts on their sides; some of them are open, some are closed and a lot of scattered chestnuts can also be seen all around. There are not many people nowadays who collect them. Times have changed because some years ago no chestnut was wasted since they were the sustenance for the families during the winter.

The chestnuts used to be stored in the houses as if they were potatoes.In times of hunger they became essential food. I'm thinking of the times of the Civil War, when the only meal many families could allow eating was the stock made with a handful of them. Nowadays nobody realises what this nut meant for our elders at that moment, when they could only eat what they were offered by the land.

My grandmother used to tell me how she had to walk for hours to collect chestnuts which she kept in a kind of bag called fardela.. When the fardela was full, she emptied it into a sack that was loaded onto a horse or donkey and taken home.

These chestnuts that were collected for days served for many purposes within the family life; first they were food for both people and animals, and they were also exchanged for other products. At that time, there was money neither to buy nor to sell anything. Besides, chestnuts were easy to preserve , being mice and rats their worst enemies. Keeping them away from their teeth, and also from humidity, they were dried and could be stored all year round.

Chestnuts were eaten raw, stewed and baked. Those that had been dried were called "mayucas". According to their shapes they had different names: rubiales (because their burs were yellow), xidras and baldunas, which were bigger ; the empty ones were called vecheras. I remember how in the long winter evenings, my gradmother used to peel the chestnuts and cook them before giving them to the pigs. This way the animals of the samartin got fat much quicker.

In those old hard times, men and women used to go to the woods at dusk in an attempt to prevent wild boars or any other animals from eating the valuable chestnuts.

Those were the times when people had to live on what nature provided them with

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