Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

.

... habría que leyer y enterase un poco:
los pueblos, los parajes,
los vecinos y vecinas de los pueblos
tamién tienen derechos
(los de ahora y los que vengan después...)

Otra vez la misma historia...

Segunda parte
(continuación)

por Xulio Concepción Suárez.

(Las palabras que siguen
son el resumen de algunas entrevistas
para radio, prensa y TPA
sobre el patrimonio cultural y mediambiental lenense,
realizadas en los últimos meses
con motivo de una serie de obras
más o menos recientes realizadas por el conceyu).

Y nunca va a ser ya el mismo paisaje (II)

6) Gaseoducto del Payares.

Hasta una más que kilométrica tubería de gas nun encontró cancietsa más afechisca pa unir el norte de África con Asturias que pel fayiru de Payares y los abundantes pastizales de La Mortera: el hayedo de Valgrande y su contorno.

Numerosas hayas y acebos fueron arrancados de cuajo entre los altos de La Casa Tibigracias y El Monte las Tsinares de La Vega'l Puzu. Una zanja de varias decenas de metros en anchura oculta hoy toneladas de cemento y gas, donde antes hubo espesos troncos de arbolados, o tupidos acebales cargados de bayas escarlatas todo el otoño y el invierno arriba. El peligro de un fuego indeseable entre las fayas laterales no necesita comentario.

Una vez más la ausencia de sondeos previos a las obras sobre el patrimonio lenense redujo a cascayu varios parajes tradicionalmente venerados por los lugareños. Por citar algunos, El Curutsu Braña: aquel picacho de unión entre los pueblos de Yanos de Somerón, Fierros, Herías y Piñera (el lugar de la cruz), quedó desdibujado en una loma achatada, sin posibilidad ya de rebuscar en adelante los posibles vestigios de corras primitivas (las cuerrias) que suelen definir estos asentamientos en altos divisorios con estos nombres prerromanos.

La mayoría de los curutsos, lo mismo que de corros y castietsos, siguen ofreciendo restos de asentamientos estratégicos, por mucho que hayan permanecido entre las zarzas hasta la actualidad. En adelante ya ni con zarzas ni sin zarzas, algún estudiante podría segir documentando la arqueología lenense en estos puntos.

Poco más abajo, por la misma loma divisoria del valle de La Frecha y del Güerna, justo sobre el Santuario de Bendueños (nombre de la divinidad indoeuropea, Vindos ) quedó igualmente reducido a morrillos La Penasca Xuviles: lugar muy respetado por los vecinos de estos pueblos que siempre rezaban alguna plegaria mirando al picacho en días de rayos y truenos.

Según ellos, los rayos que se clavaran en la peña ya no iban a caer a las casas ni a las cuadras de los ganados. De hecho, los lugareños se sienten (se sentían) siempre a salvo contemplando desde sus ventanas el zig-zag de las chispas camino de la peña dedicada a Júpiter (lat. Iovem , Iovilis , 'dios del cielo luminoso').

Hoy la Penasca Xuviles fue reducida a escombros bajo los que circula el gas de la pista camino de Bendueños y Campomanes.

7) Minicentral de Parana.

Hace algunas décadas también se destruyeron decenas de parras de acebos para la construcción de un embalse y de unas tuberías gigantes, justo en las mismas fechas en que se multaba y encarcelaba a un vecino lenense por cortar un varal de acibu pa cerrar una xebe: el ejemplo educativo de los responsables municipales y políticos de entonces, tampoco necesita más comentarios.

Mención especial merece la destrucción de La Capilla de Sanandrés (de base octogonal), allá por los años 90, para el ensanche de la pista que conducía hacia el embalse de la Central y minas a cielu abiertu del Cordal de La Carisa. De la ermita sólo quedan fotos antiguas entre los vecinos y aficionados; y una desdibujada historia de la Santa.

Los beneficios de la Minicentral que redundan hoy en los vecinos de los pueblos del valle son los mismos que en otros casos hasta la fecha: ninguno (ni puestos de trabajo, ni luz gratis, ni rebaja ni exención alguna, frente a los pingües beneficios de los boslsillos privados con subvenciones públicas).

8) Minicentral de Naveo.

A pesar de que el investigador José Manuel González se esforzara allá por los años cincuenta de recorrer de chirucas los castietsos de Lena para señalarlos bien en sus mapas, de nada sirvió al Castiitsu Naveo para sobrevivir a penas los años ochenta.

Una minicentral diseñada en cualquier despacho de moqueta sobre un mapa, convirtió en una impresionante fosa de cemento y fierros todo el recinto castreño hasta entonces entre la maleza, pero bien visible en su estructura: media docena de corras, dos fosos circundantes..., y una arraigada historia de leyendas y tesoros, la bolera de oro...

Como única prueba ya del recinto documentado por J. Manuel González queda bajo la balsa de la minicentral el lugar del Questru: finca en un rellano más apacible, justo al cobijo de la peña más encrespada, donde los lugareños sitúan varios hallazgos con el tiempo. Sobre todo el lugar de La Bolera los Moros. Queda el topónimo, una vez más (y de momento), como único testigo oral para contarlo.

Y todo ello, igualmente a cambio de nada para los vecinos: ni consiguieron puestos de trabajo, ni siquiera tienen derecho a la luz gratis. ¡Qué menos que los pueblos en torno a la minicentral tuvieran la luz gratis! Son cuatro, gastan poco, y lo único que reciben son molestias... Las ganancias, todas para las mismas manos.

9) Minicentral de Los Pontones .

Poco después del desguace castreño en los altos de Naveo y Cabezón, el cauce para la traída de agua de Riospaso a Los Pontones destruía, con la misma impunidad municipal y política, otro vestigio histórico lenense, abundantemente descrito y documentado por varios autores, especialmente J. Vicente García en Las primeras rutas jacobeas entre León y Asturias (I y II).

Las compensaciones para los vecinos, las mismas: ni a luz gratis tienen derecho, con los cuatro kilovatios que gastan al mes...

10) El Camín Francés del Güerna .

La misma falta de precauciones sobre el patrimonio lenense siguió con sus efectos, obra tras obra. El tramo que desciende de San Emiliano y Pinos por El Monasterio de Acebos, fue completamente arrasado por las palas en unos 4 kms desde El Bayo hasta Reconcos: una espaciosa calzada, empedrada en varios tramos entre Riospaso y La Cruz, sobre todo, fue sustituía por una profunda zanja de cemento, que conduce el agua desviada del Río Güerna, para dejarla caer en desnivel suficiente sobre Los Suitos, lugar de las turbinas actuales, transformadores, motores, ruidos, etc.

El resto del Camín Francés queda (de momento) para contarlo en el terreno y en la memoria de los lugareños del Güerna. Desde el tramo destruido hasta Reconcos, continúa todavía transitable por L'Entrigo, Vitsarín, Santa Cristina de Xomezana, San Bras de Sotietso...

11) Líneas de Alta Tensión Hidroeléctrica del Cantábrico a La Robla.

Los cables de alta tensión tampoco encontraron otru conceyu asturianu, a oriente ni a occidente, que diera portietsa (ventenu o ventana) a los millones de voltios que se deben exportar diariamente camino de Castietsa y resto d'Europa (alguien tará forrándose tamién a costa de las fayas lenenses).

Nun ye casu únicu, por supuesto. Hace unos días precisaba Julio Llamazares, con su estilo y agudeza de siempre, el caso de la línea Lada-Velilla. Decía con razón que uno cuida diez conejos, y tiene que convertirse en sociedad ganadera; recoges un poco de oriégano para el estómago y te ponen una multa... Pero el presidente de una comunidad se empeña en destruir todo un espacio protegido en el límite de Asturias y León y nadie le dice nada... (jugosa entrevista en el diario reciente de La Nueva España).

Los efectos de estas líneas por los montes de Lena están a la vista: amplias franjas de árboles destrozados, contaminación irreparable de toda la flora que intenta crecer bajo el magnetismo de los cables; huida de la fauna de todo este entorno electromagnético (ni anida, ni cría...); aves muertas por razones poco estudiadas; infrasonidos insoportables en días de tormentas, lluvias...


... cables entre los bosques,
esquiles espanzurriaos en suilu...

12) Hotelito del Meicín.

Y las vías de comunicación tradicionales siguen al arbitrio de las picas y las palas. Por ejemplo, el derribo del antiguo edificio, en piedra caliza tallada, para sustituirlo por otro de ladrillo hueco, uralitas, plásticos diversos y chapas, no podía menos de tener sus consecuencias inmediatas sobre el paraje de Tuíza Riba y Las Ubiñas (parque Natural, según asoleyan los políticos por los cuatro vientos.

El primer logro fue la destrucción de un tramo de La Ruta de la Plata, seguida por los pastores extremeños desde la vertiente leonesa de San Emiliano hasta los puertos de Güeria y Bovias de Xomezana, antes de continuar algunos inviernos hasta los pastos verdes de Salinas y Avilés. Lo atestiguan suficientemente La Fuente la Plata en el mismo puerto Bobias (antiguo mamantial de los pastores); Fuente la Plata en Uviéu (L'Argañosa), y Fuente la Plata en Avilés (hoy, Viaducto de la Autovía del Cantábrico). La toponimia es parte del patrimonio asturiano.

De esta forma, recientemente, se destruyó un tramo de pedrera milenaria (la balata , 'camino empedrado que justifica el nombre de origen árabe) entre El Cancetsón del Meicín y Tuíza Riba, antes de entrar en Las Morteras y Las Irías. La calzada pastoril quedó destrozada por los ensanches y consecuentes argaxos invernales de Las Guarizas, con motivo de la pista todoterreno para el acceso de la maquinaria a las obras del llamado Refugio del Meicín (un simple hotelito, sin más eufemismos).

13) Variante del Payares.

Las obras están en sus comienzos, pero la falta de estudios previos puede seguir destruyendo el patrimonio lenense como hasta la fecha. Por ejemplo, el tramo de fincas entre La Iría Vidriales, El Fabón (el lugar del Mosaico) y La Villa de Mamorana, ya están siendo arrasados por las máquinas, sin que se haya publicado sondeo alguno para comprobar si hay más restos de mosaicos en la misma zona, donde siguen apareciendo ladrillos y tejas bajo las tierras sembradas cada año por los vecinos.

Esta finca bajo Castiellu y la iglesia actual está igualmente abierta en varias zanjas por las garras de los bulldozer, sin más contemplaciones. El castro de Castiellu está docuentado por José Manuel González desde los años 60, y allí sobreviven, entre las fincas y las zarzas, las marcas de las calzadas de fortificación típicas de los recintos castreños en toda la región asturiana.

Todo este entorno va a ser levantado y horadado para el túnel de la vía, accesos, aparcamientos, vertederos de escombros... Otros cuantos vestigios castreños quedarán sepultados o arrancados para siempre sin estudio ni descripción previa.

Parecería razonable que igualmente se respetara la ecología de la palabra en la finca: es decir, que si el entorno en este momento de la pradera está siendo engullido por las garras de unas palas (aún están comenzando), habría que sondear siquiera por si se encontraran los vestigios de la "torre" que describe el topónimo ('debajo, encima, al lado de la torre).

La villa de Tiós (lat. villam Teodosii ) tal vez se haya levantado en continuidad (o en contigüidad) con otros poblamientos más primitivos de los altos y a media ladera bajo La Pena Tsago. La toponimia y los vestigios históricos (corras, cercos, recintos castreños) son evidentes en los lugares del Curutsu, Los Castietsos, justo a la entrada de Tiós, y a la espera de las palas; o de Las Corotsas, un poco por encima, y de momento a salvo del desguace castreño. Tampoco se hizo prospección alguna en esas corras que permanecen ocultas entre la maleza (mientras exista la maleza para protegerlas, claro).

El Monasterio de Morea aparece abundantemente citado en los documentos medievales, en expresiones del tipo "secus flumen Ornan. monasterio de Sante Eugenie de Moreta" , y semejantes. Ello sería suficiente para investigar previamente todos los lugares llamados Morea en torno a Tiós (uno ya está expropiado, y sin exploración arqueológica alguna que se sepa). Será recubierto de escombros en breve.

Puestos a respetar y a escuchar a los lugareños (escuchar ye completamente gratis, y cuestión de unos minutos), resulta lamentable pensar también que las últimas murias del llamado Hospital de La Frecha van a quedar, en pocos días, sepultadas bajo toneladas de escombros, que no encontraron otros barrancos ni otras carbas más yermas en todo el concejo, que las apacibles, espaciosas y productivas erías de La Casa Nueva.

En consecuencia, toda aquella explotación agrícola y ganadera siempre productiva hasta la fecha, se va a convertir de inmediato en vertedero de escombros traídos desde Los Pontones. Aquellas paredes de piedra, y los barciales que contienen o recubren el posible asentamiento del edificio antiguo (hospital, venta, casa postas...) se esparcerán como motas de polvo entre tantos camiones y camiones de morrillos, raíces, troncos... arrancados en las entrañas del Güerna. Como si no hubiera otros espacios más baldíos entre estas montañas lenenses.

Con los mismos procedimientos y prisas, sin más sondeos previos ni contemplación alguna, se va a rellenar de escombros todo el espacio de Los Corrales: apacibles fincas casi llanas bajo Malveo. Y, tal vez no por casualidad, otro conjunto de fincas productivas situado justo en los mejores rellanos fonderos del antiguo castillo de Corros (documentado por José Manuel González en los años sesenta). Tampoco se conocen sondeos previos por parte de los expropiadores de la finca.

Con la simple lectura de un entorno castreño publicado en varios libros a la venta, por lo menos alguien podría haber pensado sobre el mapa (en el despacho de Madrid o de la calla Uría, lo mismo da) que Los Corrales y Corros, al lado del Castro (sobre Salas) tendrán algo que ver, por lo menos en el nombre. Y que los corros eran los recintos habitados de los castros y de los castietsos, por rústicos, montaraces y rurales que fueran esos asentamientos primitivos en estas ásperas montañas. Cuando ya están publicados no hay disculpas.

Si los responsables políticos (o empresarios, administrativos, lo mismo da) hubieran preguntado a los vecinos de Casorvía les hubieran añadido que, etsos saber nun saben si habrá algo debaxo o no; pero que, a todo el conjunto de Corros, siguen llamando (por si acaso) El Castiitsu Corros. Lo que son las paradojas. Y por si hubiera alguna duda.

Un poco más arriba por El Vatse Güerna, los efectos depredadores de los bulldozer ya los está sufriendo La Fuente Pancuyareo: hoy completamente seca (escosa, que dicen los lugareños). Aquel caudaloso arroyo que brotaba bajo una faya a la falda de Sobrolagua (nombre evidente), se escosó tras los primeros avances de la tuneladora justo bajo las entrañas de estas peñas sobre el valle de Foz y Traslacruz.

Muy concretamente, La Pena Sobrolagua (justo sobre el río y el Vatse Foz) indica de sobra que debajo hay agua; es decir, si los nativos le llamaron 'sobre el agua' será porque debajo no habría caramelos. Pues sólo a unos técnicos se les ocurrió pasar los túneles justo a la falda de sus estribaciones. De hecho, La Fuente Pancuyareo (bajo la peña), ya está completamente seca, con una parte desdviada al arroyo siguiente; las otras aguas se perdieron por las filtraciones; nunca se había secado este manantial, pues baja el agua del Puzu la Vatsota.

En consecuencia, el agua abundante de todos estos puertos lenenses cimeros, origen de tantas leyendas en torno al Puzu la Vatsota, ya no baja espumoso ni ruidoso por Pancuyareo y a La Veigona al río Foz: se perdió; simplemente, ya no baja; cambió de cauce, y desapareció para perjuicio, tal vez ya irreparable, de vecinos, fauna y flora de estos valles.

Tal vez sean las mismas aguas que ahora salen extraviadas a caudales en el interior del túnel, y que la empresa bombea sigilosamente al río (ya sucio, contaminado de escombros...) por los problemas que le trae, y los escasos avances que puede hacer por la vertiente lenense. El agua no se evapora, claro. Y de hecho, por culpa l'agua que reventaron, nun avanzan dos pasos por mes: buen ritmo, pa los daños causados, y por causar todavía. Las prisas nunca son buenas...

Las aguas del Güerna, justo sobre los túneles abiertos debajo, más o menos al azar, son incontables: no por casualidad en la cumbre, entre La Vatsota y Pinos, está Rosapero: el río sapero (sea ello por los sapos o por los pinos sapinos que darían origen a todo el puerto y al pueblo mismo al fondo del valle ya en la vertiente leonesa.

El caso es que en Riosapero no hay río que pase por aquellas extensas camperas: allí mismo se forma un río, en aquella impresionante surgencia, a modo de farfáu, que brota de las Ubiñas en unos pocos metros cuadrados; según los expertos, se trata de toda una zona de acuíferos bajo estas peñas (hasta hay una tesis doctoral sobre estas surgencias del Güerna); unos 14, nos aclaran en la vertiente leonesa los abogados que llevan sus reivindicaciones tras los desastres de las obras y el corte de manantiales a las fuentes de siempre.

Pues todos estos acuíferos fueron pinchados, según nos explican, y vierten ahora imparables por la boca de los túneles (a ver cómo controlan las aguas) hacia el río Güerna; dejaron secos los pueblos y puertos pastoriles de los vecinos leoneses; y, por si faltaba algo en la ensalada, los técnicos de ADIF están sellando las filtraciones en las bóvedas de las dobelas, para que no caiga el agua a la caja misma de los raíles; pero, como las aguas nunca se esfuman de forma mágica, en algún sitio se estarán acumulando o acabarán por reventar algún día, incluso sobre las mismas vías del tren circulando ya; la catástrofe sería inimaginable.

Otra consecuencia inmediata de este trastorno de aguas en los caudales cimeros del Güerna es la desaparición del manantial en el mismo pueblo de Traslacruz: no por casualidad en el mismo valle de Pancuyareo, justo en la margen derecha del río Foz. Se secó también la fuente milenaria del pueblo, con motivo de otro socavón por encima de las casas, según parece, taponado a toda prisa con toneladas de cemento. Un pueblo sin la fuente que tenía, tal vez ya para siempre: a partir de ahora, bidones con detergente y cloro..., de casa en casa.

El desconocimiento (o el desprecio) del patrimonio local terminó también con otros 4-5 km de camín francés en el tramo que va de La Cortina hacia Alceo de los Caballeros y Bendueños. Sin más preámbulos dilatorios, la tuneladora de Los Pontones, al tiempo que desviaba las aguas subterráneas a la falda de La Tesa y Sobrolagua, empezó a escupir toneladas de escombros con destino inmediato al Vatse Arnón: un espacioso valle con algunas casas deshabitadas y cuadras, ya completamente enterradas bajo piedra y tierra.

Aquella espaciosa calzada que pasaba junto al Hospitalón de La Cortina, empedrada en algunos tramos más barrizosos, muchos siglos después de su apogeo medieval, desaparece sin rastro bajo las cajas de fierro y las ruedas de los camiones.

Las prisas, la falta de previsión, la improvisación, están convirtiendo las casas, cocinas y caleyas de los pueblos en lugares con unas cuantas incomodidades evitables a su tiempo. Efectivamente, el firme de la carretera de un pueblo rural estuvo calculado para los carros y carretas (el nombre es evidente) con unos pesos relativos: una, dos toneladas de madera, piedra... Soportable sin problemas.

En sucesivas reformas, la carretra se fue ampliando y engrosando en espesor, a medida que los camiones aumentaron en tonelaje: 10, 20... toneladas, que ya podían causar algún trastorno a los vecinos; pero se quedaba en algunos ruidos ocasionales y distanciados a lo largo del día o de la semana. Soportables también.

El problema llegó de golpe cuando impresionantes máquinas tuneladoras y compañía (40, 60 toneladas...) cruzan entre las propias ventanas de las casas, sobre el mismo asfaltado de hace 2, 4, 6... años. Y además pasan durante el día o parte de la noche con una frecuencia que convierte los hogares en resonancia casi ininterrumpida de ruidos, temblores de muebles, vibraciones de paredes, velocidades inadecuadas por los pueblos, humos, polvos, lodos en la calzada, olores...

La reforma de la carretera antigua se hizo muy superficial en algunos tramos, pero no se cambió nada entre las casas. Los vecinos vienen soportando también esto a cambio de nada. Y sus protestas, sólo promesas: sin respuesta en la práctica.

La solución, siempre la misma, una vez más: los vecinos ya estaban en los pueblos antes de que llegaran las tuneladoras y los tonelajes multiplicados en medidas y en pesos; en consecuencia, antes de empezar las obras, se supone un proyecto de prevención de daños para poner los medios antes. Por ejemplo, reforzar las carreteras al paso entre las mismas cocinas y salitas de la tele tras las ventanas de las caleyas.

•  La voz progreso sólo significa 'camino hacia adelante': no quiere decir 'avasallamiento, usurpación, improvisación, destrucción a toda costa, caiga quien caiga...', y expresiones semejantes del mismo diccionario. El progreso tiene que ser compatible con el entorno: en otro caso se convierte en regreso.

•  Para llegar a un sitio, puede haber muchos caminos (todos llevan a Roma, oímos tantas veces): antes de trazar la ruta sobre un mapa de colorinos en la mesa de un despacho en la ciudad (Uviéu, Madrid, lo mismo da), sería razonable (ecológico, muy justo) elaborar un estudio previo sobre el patrimonio local, por el que se supone que resulta ineludible pasar (en el supuesto que no haya otra alternativa, claro). También se dice que la ignorancia de las cosas no exime de responsabilidades, culpas...

•  En una estadística elemental, como enumeramos aquí, hay varias decenas de acciones del todo destructoras y depredatorias sobre el patrimonio lenense, que en parte se podrían haber evitado en las últimas décadas. El proceso es muy sencillo: simplemente, haber respetado los estudios previos ya elaborados por diversos investigadores asturianos y europeos (documentados, publicados en libros y revistas en su mayoría). Cuando algo ya está publicado, no hay disculpa para ignorarlo: leyer, se supón que tul mundo sabe... Y si no existen estudios, pues a elaborarlos. Antes de destruir lo que otros hicieron, habría que pensarlo dos veces: en otro caso harán lo mismo con lo nuestro, y siempre estaremos partiendo de cero (puro regreso).

•  El desprecio al medioambiente comenzó por el desprecio a la toponimia de los lugareños. Ya se citó el caso de La Pena Tobrolagua, justo sobre los túneles por encima de Traslacruz y Los Pontones: si los nativos le llamaron sobrolagua sería por algo; las corrientes subterráneas no las parará nadie, pues se concentra el agua de todo el puerto La Vatsota y altos de Peña Ubiña, con estudios realizados sobre algunos acuíferos (Rosapero es un ejemplo).

•  El mismo desprecio de los irresponsables de la Variante queda a la vista en L'Argaxá Campomanes: ya los técnicos de la Autopista del Güerna, allá por los setenta, fueron más respetuosos en esto; hicieron sondeos por L'Argaxá y vieron que no se podía pasar una autopista; la pasaron por encima del pueblu de Campomanes (muy mal también), pero evitaron los argaxos. Los técnicos de La Variante, o no hicieron sondeos, o, si los hicieron, encontraron un buen filón para enriquecerse durante siglos con los millones dedicados a los argaxos; muchos se pensaban forrar con las obras de mantenimiento. Los propios propietarios expropiados a la fuerza se lo dijeron a los técnicos: "tsámase L'Argaxá, y una argaxá nun la para naide". Ni casu, por supuestu...

• Y, encima, está La Pena Tsago: es decir, la peña del lago, que no bautizaron al azar los lugareños; en la cima de la caliza, por el invierno arriba se va acumulando la nieve y el agua de los desnieves y deshielos en la pequeña vaguada de la cima; en inviernos más cuerdos (cuando lo eran de verdad) se contemplaba el pequeño lago hasta abril arriba, pues las aguas se iban filtrando poco a poco; hasta hay una leyenda del Puzu Tsago que habla de que las aguas del pozo vierten hacia el valle de Campomanes, pues así lo demostraban los corales de una supuesta doncella que había caído en la sima un mal día de pastoreo, y reaparecieron días después en la Fuente'l Reúndu (justo baxo L'Argaxá). En definitiva, las aguas nunca se esfuman en las calizas: se filtran en la cumbre y descienden ocultas por las laderas. Ahí están las fuentes, los manantiales, las argaxás..., para contarlo.

• Esa falta de respeto al medioambiente, a los lugareños, al lenguaje del suelo (milenario, por cierto) a pesar de la verborrea de los políticos en época de elecciones, es tan injusta como des-educativa: si un paisano de un pueblo corta un acebu pa cerrar una xebe, va a la cárcel (ya ocurrió); si mata un tupu pa que nun y-desfaga la tierra de patatas, paga una multa de unos cuantos euros por cada tupu panzarriba (ya se está pagando); si mueve una teya de la cabana o la cuadra pa quitar una gotera, y nun tenía permisu de obras, en unos minutos tiene la obra paralizada, con la multa correspondiente.

•  Pero si la propia administracón destruye (o permite que destruyan) calzadas romanas, caminos de peregrinos, corros, castros, castietsos, hayedos, acebales, plantas en proceso de extinción, manantiales de las brañas, fuentes públicas en los pueblos, ermitas rurales, cabañas de vaqueros... (ahí están los ejemplos destruidos), no ocurre nada. Y las obras siguen su "progreso" haciendo oídos sordos a las quejas de los vecinos (hechos consumados, y ni casu a los cuatro prubinos que quedan nel pueblu). En pocos años ya nun quedará naide, y la autopista ta fecha... Pésimo, muy pésimo ejemplo educativo.

•  El paisaje de un conceyu es también el producto (el resultado) de todas las acciones constructivas de progreso realizadas por los antepasados en el paraje, desde el homo precesor y el Neanderthal hasta estos mismos días: corros, castros, caminos, santuarios, mitos, dioses y diosas, tierras de semar, praos, cuadras talladas en piedra, cabanas...

•  Destruir esa parte del paisaje es un desprecio al trabajo individual y comunitario de todos los lugareños que vivieron en cada pueblo. Para construir en el siglo XXI, no vamos a destruir los XX siglos anteriores. Y los miles de siglos en lucha por el difícil progreso en cada tiempo. Mal ejemplo y nada educativo.

•  La llamada Variante de Pajares (del Huerna, en precisión) es el símbolo del desprecio a la riqueza agropecuaria lenense y asturiana: de la forma más irracional se expropiaron los mejores espacios productivos del valle del Güerna y del Payares, simplemente para echar escombros y basuras. Los rellanos mejores de las laderas se arrebatan a sus dueños, cuando existen en el concejo suficientes barrancos y carbas estériles, que no sirven para otra cosa, y que bien se podían rellenar con escombros. Todo se hace compatible si se quiere.

•  La ausencia de estudios previos y de proyectos fin de obra esconde otra actitud administrativa que desprecia el valor del campo asturiano: terminar cuanto antes con la agricultura y ganadería asturiana. Ello contrasta seriamente con otras corrientes europeas (caso de la FAO), que insisten en la recuperación del valor de las actividades agropecuarias, como alternativa de futuro a la hora de conservar la naturaleza, el medioambiente y el desarrollo sostenible de los pueblos.

•  Los sistemas educativos más recientes y de progreso incluyen en sus programas el estudio medioambiental y sociocultural, como recurso muy didáctico para el aprendizaje constructivo y práctico, ya desde bien pequeños: cuando se destruye una parte del patrimonio local, que podía ser utilizada como recurso disciplinar o multidisciplinar, se está perdiendo el tren del aprendizaje y del progreso europeo. La investigación siempre es fuente de futuro. Y así tenemos el nivel que tenemos (estadísticas y manipulaciones electoralistas a parte).

•  El progreso sostenible y de futuro no se reduce a cables de alta tensión, vías del tren, autopistas, aparcamientos de cemento, campos de golf, hotelitos de montaña disfrazados de refugios... Un paisaje de montaña lleva muchos siglos (milenios) diseñado con ricos pastizales, brañas, cabañas, bosques maderables, manantiales cristalinos a la falda de las calizas, paisanos y paisanas sabios en su cultura rural. Paisaje y paisanaje es parte del progreso y del patrimonio con futuro: hasta el presente, no hay otro.

•  El desprecio por las actividades ganaderas, por el trabajo rural, por los cultivos en las tierras de semar, por el saber popular de los lugareños..., ya está dando los primeros resultados lamentables para el medioambiente en las montañas: cuando hay un incendio, cuando arde una xebe, puede arder la ladera al completo. Hasta muchos incendios podrían evitarse investigando, educando, planificando, previendo, previniendo...

•  Y las razones están a la vista: las tierras sin cultivar que rodean los poblados se van llenando de artos; los praos del monte se cubren de gorbizos; los caminos no se rozan porque se pasa por las pistas todoterreno; no se puede cortar un pelu pa una guiá, porque está protexíu; está prohibido rozar unos peornos que te pegan en las narices al pasar un camín; los merenderos y las barbacoas proliferan porque producen muchos euros.

•  Los resultados saltan por los aires en cualquier región peninsular (o griega, lo mismo da): cuando salta una chispa (casual o intencionada) a lo fondero del barranco o de un barganal, arde la ladera entera hasta el últimu riscu entre las peñas: y arden casas, pueblos, bosques, vidas humanas y animales... Arden años, décadas, siglos, milenios..., de vegetación, trabajos lugareños, sabiduría, cultura popular.

•  Predar no es lo mismo que depredar : simple cuestión también de diccionario.

•  Y para ello, para poder seguir manteniendo un paisaje de forma sostible y con futuro, hay que educar antes de limitarse a sancionar: un recurso más de recaudación fácil con el penúltimo sistema de multas (por cierto, en adelante, ya pagadas en el acto con la visa y todo). Para esto sí que hay proyectos y estudios previos.

En fin, terminamos estas líneas con las recientes palabras de Jaime Izquierdo Valllina (jefe del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario)

Si queremos mirar al futuro con garantía, no podemos dar la espalda a la montaña. Tenemos que volver a negociar con ella, a aprovechar sus pastos, a criar ganado y a hacer quesos como lo hicieron nuestros abuelos... Si hay algo fundamental, urgente y prioritario a conservar en esta tierra es el pastoreo y sus pautas genuinas de manejo, uso y gestión de los recursos naturales. Es decir, la civilización y la perspectiva ecológica que nos dejaron en herencia los pastores..

Xulio Concepción Suárez

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Más sobre la Variante de Pajares:
La Plataforma el Mesqueiru

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