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Las Minas de Texeo
Llamo, Riosa (L'Aramo)

1. Rioseco: las edificaciones más modernas abajo, en el comienzo de la ruta (las casas de los albergues, la administración...)

2. Un poco más arriba, los restos de las edificaciones: chimeneas, balsas de decantación, hornos, cargaderos, tolvas, escombreras... Algunos carteles informativos recientes informan de todo el proceso arqueológico desde las rudimentarias excavaciones prerromanas hasta las más industriales ya más de un siglo atrás; o las que se conocieron hace unas décadas en que se cerraron definitivamente, y se contemplan en parte todavía.

3. La bocamina de Texeo, arriba, al final de la calzada de piedra: Edad de Cobre (se dice que de remotos inicios neolíticos)

El Socavón (mina primera)

4. Las impresionantes bocas talladas en las rocas del Aramo

5. La senda en la subida: 47 curvas de un camino bien empedrado en su mayoría; algunas se fueron desdibujando ya entre las praderas del tramo final de la calzada empinada, la de los carros del material, que recuerdan algunos mayores.

6. A medida que vamos ganando altura, contemplamos los teyaos de Llamo, donde los vecinos nos acaban de informar sobre varios detalles de las minas: qué restos arqueológicos se descubrieron y a dónde los llevaron, cómo eran los trabayos que ellos recuerdan, cómo bajaban el material en los famosos baldes, ya en los últimos años, cuándo se cerró una explotación... Agradecemos el detalle y la memoria de los nativos.

7. Los pilares: pero no las que se ponen, sino las que se tallaban directamente en la roca para sostener los techos de las cámaras.

8. minerales azulados:
azuritas.
.
.

9. entre verdosas
y azuladas

10. La mina mayor: la que primero se encuentra ya al final de la calzada y de tanta curva, a poco de rebasar la primera campa y las bocaminas más recientes, las ruinas de varios edificios, un balde para los cables.... La que se anda por dentro relativamente mejor: sólo en las entradas de los pozos, por supuesto. Se adivinan profundos y peligrosos abismos a juzgar por los sonidos y los ecos interiores que marcan las distancias...

El Socavón, más completo

11. más verdes:
malaquitas.
..

12. calcitas
blanquecinas
con malaquitas

13. Observando
la policromía de tantas
vetas en las rocas: el privilegio de visitar unas minas con un experto en Geología como Andrés
.

14. La otra mina más cimera, más diffcil de dar con ella, igualmente tallada en las entrañas del Aramo: todas las bocas y los pilares que las sostienen presentan formas parecidas.


L'Arrobetséu (mina cimera)

15. Simplemente, un espectáculo multidisciplinar. Por eso este paisaje minero se lee mejor en grata compañía, pues en la subida, en la estancia arriba (al borde del hayedo), o en la bajada a las instalaciones de un par de siglos atrás, se va encontrando un poco de todo: minerales variados, plantas de la zona, restos de materiales (cables, baldes, vagonetas...)...; o edificios de ladrillo de hace pocas décadas, viviendas para los obreros y los técnicos... La lectura de un paisaje, en este caso, minero y de origen más que milenario.

16. Breve reseña histórica:

Según consta en una Revista Minera de 1893, estas minas fueron descubiertas en 1888 por el ingeniero belga Alejandro Van Straalem, que trabajaba en la Soterraña de Muñón.

"Van Straalem en compañía de varios amigos vieron como en un día de calma las hojas de un arbusto no paraban de moverse; extrañados por el fenómeno se cercan a la zona y descubren un pozo vertical y una serie de galerías intercomunicadas entre si, las cuales creaban la corriente de aire que movía los arbustos. En las galerías descubrieron 16 esqueletos humanos... Cuatro de los esqueletos... estaban completos, y dos de ellos suponemos que murieron en accidente minero, pues aun conservaban las herramientas en sus manos. También se encontraron herramientas mineras como martillos de piedra, astas de ciervo, cuñas, agujas de piedra, cuchillos de hueso etc." (texto de Alfonso Dory).

Los romanos siguieron explotando estas minas por la calidad del mineral. Y luego en 1897 se vuelven a explotar hasta 1960 en que se cierran definitivamente. En el Museo Arqeológico de Oviedo y en el de Madrid se encuentran algunos de todos estos restos. Los vecinos de Llamo y algunos de Lena que trabajaron en las minas en sus años más mozos, nos contaban hace tiempo algunas anédotas vividas por aquellos años, o escuchadas a sus mayores en el pueblu. Algunos carteles en el comienzo de la ruta nos ilustran también en esa larga historia del cobre en las entrañas del Aramo (más información sobre estos temas en www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com).

17. Datos observados por Andrés (geólogo)

El principal elemento metálico explotado, a lo largo de las distintas épocas, en este yacimiento ha sido el cobre; que se presenta bajo múltiples especies mineralógicas, desde cobre nativo (cobre metálico puro) a diversos sulfuros (calcosina, covellina, digenita, bornita y calcopirita) pasando por óxidos (cuprita) y carbonatos (azurita y malaquita) siendo, quizá, estos últimos los más vistosos del yacimiento por sus vivas coloraciones.

También se explotaron menas de cobalto, entre ellas eritrina, skutterudita y heterogenita. La paragénesis de Texeo se completa con otros minerales que no llegaron a tener interés económico como sulfuros de hierro (pirita y marcasita) óxidos de hierro como la goethita y sulfuros de zinc como la esfalerita.

Todas estas mineralizaciones aparecían en filones de dolomía rosa encajados en las calizas del Periodo Carbonífero. Finalmente, citaremos la presencia de abundante calcita, mineral sin ningún interés económico.

Hoy en día todavía es posible encontrar algunos de los minerales citados. En las escombreras es fácil detectar a primera vista restos de azurita y malaquita debido a sus vistosos colores azul y verde respectivamente. Y con un poco de paciencia, aún pueden encontrarse mineralizaciones metálicas.

Con ciertas precauciones imprescindibles dentro y alrededor de estas minas

Pero la visita a estas minas exige sus cuidados: algunas escombreras presentan pendientes prolongadas y muy pronunciadas. La precaución ha de extremarse si se decide entrar a través de las bocaminas de El Socavón o El Arrobetséu; pisaremos sobre materiales sueltos y resbaladizos. Las paredes y techos de las cámaras tampoco son seguras, la roca está fracturada debido al laboreo minero y podría desprenderse sin previo aviso sobre quienes anden por debajo despreocupados.

Otro aspecto peligroso es que en los alrededores podemos encontrar pozos no señalizados y mal tapados, o camuflados entre las malezas, en los que una caída podría tener consecuencias fatales. No estaría de más que hubiera algún cartel de advertencia en la zona para disfrutar con mayor seguridad de un paraje único y de unas vistas excepcionales.

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