Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

TABLAO

Resumen del libro
Por los pueblos de Lena
(pp. 288-293).
Julio Concepción Suárez.
Ed. Trea Gijón. 1995.

Nombre bastante más expresivo es el de Tablao : uno de los poblados más escondidos del concejo, allá en el fondo del Mofusu , es lugar que suena por el valle de Piedracea, y resuena en otros pueblos; pero pocos lo pueden contemplar directamente, retirado como está en el fondo del valle.

Tablao, en el cauce alto del Naredo (625 m), se levantó en un lugar bien soleado la mayor parte del año. Llegó a tener 77 personas, según censos pasados.

Al abrigo del norte, con las puertas, correores y ventanas al saliente, Tablao conserva la distribución típica de los pueblos nacidos entre las tierras de semar : las viviendas antiguas, en lo más pendiente y pedregoso , a lo cimero ; las construcciones recientes, adentrándose ya en lo que fueron sembrados.

En un pequeño rellano saliente entre las casas, está la pequeña capilla dedicada a La Purísima y a San Francisco.

La posición de Tablao apartada en los comienzos del Naredo, se columbra, en cambio, desde los altos de Chago, El Cochéu l'Oro, Cochá Potrera, El Cuitu la Carisa..., sobre Zurea; o ya sobre las cumbres de Ranero, al otro lado del río Lena. Las casas de Tablao se ocultan, incluso, a los caminos y carretera que ascienden hacia el alto del cordal.

Una vez más, El Curuchu y El Castiichu sobre el pueblu.

El nombre de Tablao (ya latino, tabulatu ) enlaza, en cambio, con palabras anteriores prerromanas, o de más temprano poblamiento en aquellos altos: El Curuchu y El Castiichu , respectivamente. El paso del Castiichu al pueblu pudiera atestiguarse en el lugar de Solacasa : unas fincas sobre el poblado, que definen el primer núcleo habitado, cuando se reducía a una primera y única vivienda. Según los vecinos, es la que llaman hoy La Casona o El Portalón .

El Castichu ( Los Castiechos , pues están las fincas dividias) es la loma que preside las casas de Tablao, subiendo por la Fuente. El conjunto tiene varias partes en esa estructura repetida, que se dijera diseñada a mano, sobre un modelo acordado para todos los castiechos y poblados entre estas montañas.

Se trata, aquí, de otro picacho saliente sobre el valle, con rellano casi oculto posterior en pando, con restos de pozas circulares, orientado de oeste a este, con foso profundo entre dos lomas o promontorios, con varias calzadas escalonadas por el norte y por el sur..., a una altura media en este caso (unos 700 m.), etc., etc.

El entorno de Los Castiechos está muy transformado, después que los rellanos de la cima y laterales del montículo sirvieron tantos años de tierras sembradas: escanda, borona, arveyos ... Frente a Los Castiechos , al sur, un poco más elevado y a poca distancia, está El Curuchu : cantizal semejante, pero más pequeño y alomado, sobre Las Azoreas.

En el camín a Quirós: El Portalón, La Casona ...

Las partes de Tablao recuerdan con sus nombres el lugar de paso que suponía el pueblo sobre el valle de Piedracea hacia tierras quirosanas.

Por ejemplo, El Portalón citado: casa y portalá fondera de Tablao; La Caleya Riba : barrio superior del poblado; El Caleón : un callejón más bien pendiente sobre las últimas casas, ya camino del alto.

Los vecinos de Quirós ( Tsindes, Cortes, Fresneo, Las Tsanas ...) usaron el camín real por Tablao hasta la llegada del motor. En la cima del cordal, sobre La Balsa, estaba La Casona : conjunto de edificios, que dicen sirvieron de albergue en aquel paso más alto entre ambas laderas. Para otros, se trataba, simplemente, de La Casa'l Mesqueiru : el vecino encargado de cuidar la mies (la escanda de las morteras , en época de verano).

Luego, el camín real descendía por Tablao, Riabona, Morúes, El Prau la Flor..., hasta la villa a través de otra Caleya (la de la Pola).

Tablao y sus vecinos, en fin, a la falda de los espesos hayedos del Mofusu, tendrían su importante función como ayuda a los caminantes que, con temporal muy variado, habían de ascender por el encerrado valle de Piedracea, atravesar el Alto la Cobertoria, y seguir hacia tierras quirosanas.

El camín real venía de La Caleya y La Pola por La Capilla la Flor, Morúes, La Cuesta la Bayuga (sobre un vado del río), La Costona, La Pedrera la Cruz, La Fariega (para algunos fabariega , o fayotal)..., y continuaba por Los Fueyos ( envachinaos entre los valles), El Quentu, La Cabanina, L'Oxigu, La Felguera, El Cochéu, La Teyera'l Fresnaal..., y ya Las Chanas de Quirós, Cortes...

Al sol, y entre las fayas .

Esa posición de Tablao, tan soleyera , pero tan poco asoleyá , hubo de ser privilegiada en el valle de Peral, a medida que las tierras de semar iban escaseando a los vecinos de Armá, Palaciós y Piedracea. Tablao parece el límite de los terrenos labrantíos y el comienzo de los fayeos .

La buena orientación del lugar, a lo cabero del valle, favoreció la abundancia de frutas, sin duda castigadas por la diversidad de aves que anidaban en el Monte'l Mofusu ( glayos, palombos ...). De ahí, nombres como Las Azoreas y Los Azores : fincas sobre le pueblo, preferidas antes por los ferres para el ojeo de sus presas (aquel bosque animado entonces).

Y prueba de los frutos junto al bosque son las fincas de Las Cerezales (frente al poblado); o Los Ablaneros (sobre las casas): hoy ya quedan las cerezas a entera disposición de los páxaros , pero se siguen recogiendo las ablanas , que se venden en La Pola como en los mejores tiempos, si bien en cantidades ya muy mermadas, casi simbólicas.

El entorno productivo de las irías de Tablao (en forma de aquellas tablas ) , se recoge también sobre las vegas del río Naredo, un poco más abajo del poblado, en las fincas de Riabona : una ribera (lat. ripa ), ciertamente verde y abundante (lat. bona ), que destacaba de modo especial en las mayores sequías de las laderas del valle, por el otoño arriba.

En contra de la impresión que puede producir el pueblo escondido entre aquellas últimas vaguadas al otro lado de Peral, Tablao es lugar muy poco castigado por la nieve: nieva poco y se quita pronto, a las primeras rayás de sol en los teyaos -cuentan satisfechos los vecinos-; es como si de una compensación justa se tratara, ofrecida por el clima, a cambio de esa distancia, y un cierto olvido secular, que fueron acostumbrando a estos vecinos a vivir resignados.

Las madreñas y madreñeros del Mofusu.

De la abundancia de fayas , como en los valles siguientes de Güerna y Payares, hubieron de surgir los distintos trabajos de la madera, y en especial los medreñeros : quedan El Mayéu'l Madreñiru y La Cabana'l Madreñiru, bajo El Cochéu l'Oro , Madreñunes ... Allí se recuerdan los madreñeros , en las épocas que el tiempo y otros chabores del valle permitían moldiar madreñas .

A su vez, los hayedos y abidulares del Mofusu eran muy valorados por los madreñeros del Güerna (al otro lado del cordal), que venían desde Tuíza a instalar sus herramientas en algunas cabañas a la falda del monte. Allí pasaban largas temporadas los tuizanos, en el invierno sobre todo, habida cuenta de la diferencia de alturas y de nevadas: unos 600 m. en Tablao; casi 1000 en los pueblos altos del Güerna.

Una vez con madreñas suficientes para acudir a una feria, los madreñeros tuizanos regresaban a sus pueblos por los cordales del alto (Prociles, Bovias, Puerto la Cruz...), si los trabes y valanchas lo permitían; o volvían de nuevo con las caballerías cargadas por el camino más seguro del Güerna, aunque fuera el rodeo más largo. Completaban el viaje con los xugos, también sacados de las fayas más gordas y de mejor cuartiar .

El puzu los chobos .

Y a la salida del bosque, los animales del monte. Entre Pozos y el hayedo del Mofusu, cerca del Mayéu l'Oso , tras Cuchu Viento y Refueyos, queda Reguiru Puzu : uno de los pocos fosos conservados que sirvío de armadija en el lugar de paso más estratégico, y frecuentado por aquellos lobos y otras alimañas.

Los vecinos de Tablao recuerdan bien el arte de los pozos choberos : la técnica más frecuente consistía en cavar un pozu de unos cuatro a cinco metros en profundidad. Las paredes laterales en piedra se construían ligeramente inclinadas desde la base hasta la reducida boca exterior (casi un cono), de forma que impedían al animal trepar y saltar fuera.

El truco era sencillo: disimulado entre ramaje, se colocaba un varal sobre la boca del hoyo; en medio del varal se ataba un cabritu sobre un cebetu (entramado de varas de avellano); entrada la noche, el pequeño reclamo empezaba a berrar desesperadamente, inundando con sus balidos los altos del valle; los animales emboscados en los hayedos percibían eufóricos la presa, por lo que acudían prontos al lugar de la trampa (la verdadera emboscada).

Llegados al pozo, siempre junto a un sendero, se lanzaban sobre el cebo sin contemplaciones: con el peso y el salto, giraba bruscamente el cebetu sobre el varal , de forma que la alimaña se convertía en súbita (esperada, y desesperada) presa precipitada en el vacío hasta el fondo del foso.

Con las paredes invertidas en cono, el lobo, más preocupado ya por verse fuera que por el cabrito que seguía vivo colgado bajo el cebetu y el varal , era incapaz de saltar ya los 4-5 metros que lo separaban de la senda de vuelta al bosque. Con las primeras luces del alba, los campesinos del pueblo hacían desaparecer uno de tantos peligros para el ganado menor, sobre todo, y la recietsa .

Aquella otra pequeña industria bajo el monte.

Los vecinos de Tablao recuerdan un poblamiento mayor cuando las minas del monte enviaban carbón hasta El Plano, sobre La Estación de La Pola. Desde El Mosfusu, una pequeña vía estrecha conducía los vagones arrastrados por una rústica y lenta máquina que funcionaba por carbón: " había que tizar el fogón ".

Se daban travesales (" entonces nun había pozos "), de los que llegó haber hasta 9: El Primeru, El Segundu..., El Sétimu ... Aquella incipiente actividad minera junto al bosque ocupaba a muchos jóvenes del concejo, que, al no poder trasladarse cada día a sus casas, se albergaban en los llamados Cuarteles : unos improvisados edificios sobre Tablao, ahora en el recuerdo.

Tierras de semar que paicían tablas .

Como se decía, el nombre es creativo y metafórico: en todo el occidente asturiano se encuentran palabras como tabla, tablada, tabláu, tablar ..., referidas al efecto que producen las suertes en las tierras de semar , cuando tienen distintos cultivos o simplemente se acaban de labrar.

En aquellas tablas (lat. tabula, tabulatu ) sembraban centeno, trigo, avena, nabos, arveyaca ..., por lo que, desde el invierno al nuevo otoño, iban ofreciendo las coloraciones que cada cultivo producía en toda la primavera y verano arriba: con los matices de aquel mosaico labrado, a modo de tablas de colores bien ajustadas, debió crecer también el topónimo.

Con la misma imagen metafórica, en Teverga, un tabláu , lo mismo que una tablada , es 'faja de terreno llano'; más al occidente, la tablada sigue siendo "porción de tierra labrantía, rectangular, que se trabaja en sentido longitudinal", semejante a la tablada de Tineo: "haza que en terrenos pendientes tiene su menor dimensión en el sentido del declive", "porción estrecha y larga de terreno" .

Más allá de las tierras de sema r asturianas, se imaginan parecidas formas para designar terrenos de labor ensamblados: en las montañas aragonesas, una tabla es definida por Méndez Coarasa como un "cuadro de tierras en que se siembran verduras" ; en el también aragonés Campo de Borja, la tabla es más parecida a la asturiana: 'una haza de tierra alargada y de forma rectangular' .

Y, en general, en Aragón, el tablar , los tablares , son 'campos construidos a base de varias tablas de terreno escalonadas' . En Cuenca, un tablar es la "porción de tierra que se prepara en la huerta para sembrar las distintas hortalizas" .

Tablao: irías antes que viviendas.

La "lectura" del paisaje coincide con la voz oral. Según la propia tradición de algunos mayores, las irías de Tablao fueron antes tierras de semar , propiedad de los vecinos del valle hacia La Pola. Es más, hasta hace pocos años, la mayoría de las fincas del pueblo eran -y algunas siguen siendo- propiedad de los dueños de La Pola, aunque los llevadores de siempre fueran los vecinos de Tablao.

Es decir, que las tierras parece que fueron antes que las casas: una vez asentados los colonos de forma más estable en torno a las parcelas, se irían levantando rústicas viviendas y obligados anexos para cobijo de ganados, cosechas, preseos, y otros aperos de labranza ( cuadras, payares, corripos, corripas, horros ...). Se fue levantando el núcleo rural mejorado y extendido con el tiempo.

La iría de Tablao , en fin, ofrece todavía hoy los vestigios de una forma de ver la tierra que traspasa las cimas de Chago y del Aramo: esa manera armonizada de ensamblar la parcela individual en la superficie colectiva; de trabajar lo propio en convivencia con lo ajeno; de recoger los productos en turnos acordes, sin más xebes que los muñones entre secha y secha, siempre imperceptibles en la armonía del conjunto: siempre en armonía la coincidencia y la divergencia de trabajos, productos, criterios y suelos.

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