Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

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Renueva
Lena .

Publicado en el libro:
Por los pueblos de Lena,
Edita Hifer, La Pola, 2014.
Xulio Concepción Suárez
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Pueblo entre La Barraca de La Frecha y Malabrigo, en el antiguo camino de carros por el valle, carretera actual del Payares. Tuvo hasta 36 personas. Renueva es otro de los pueblos levantados al lado del camino: el nombre de La Pará (casona actual de dos plantas, dividida entre dos familias hoy) es inconfundible al lado de tantas otras esparcidas por estos valles. La Pará se sitúa, por tanto, al lado de la fuente, en la confluencia con el camino que desciende por Heros desde Samiguel, y el camín real de Munistiriu: El Carrilón (en sus días, camín de carros).

La Pará, antes de su transformación en viviendas actuales, tenía la entrada orientada al este. Se conserva la solera caliza (muy pulida con los pasos y los tiempos), por la que se accedía al portalón de la planta baja. Hoy está revocado el arco de piedra superior de los portones, que parece tenía alguna inscripción (recuperable todavía).

Aquella fue la reforma obligada, cuando dejaron de circular los carros de ritmo cansino, para dar paso a los coches y camiones que rayaban, bastante más ruidosos, el mismo umbral de la puerta. En consecuencia, se tapió esta entrada, y se abrió la actual, mirando al sur, retirada ya del asfalto. La Pará se desdibujaba, así, junto al antiguo camín real.

Otro poblado, en parte a l'abeseo.

Levantadas las casas de Renueva en la margen izquierda -bajando- del camino que corre parejo al río, se fueron ensamblando de forma obligada en unos trescientos metros del profundo valle; por ello, quedaron expuestas lo mismo a los fríos del norte, que a las calismas del viento sur. Las soleras de las puertas de Renueva, los balcones, buscan, en cambio, el saliente; pero el poblado queda en la penumbra entre diciembre y febrero, precisamente cuando más se precia cualquier rayá de sol en días de xelás.

Con todo, a pocos metros de las casas, cruzado el puente del río, camino de Congostinas, en esos días más sombríos del invierno arriba, los vecinos aprovechaban el sol en Coxeo (de los codesos, los peornos en muchas zonas): conjunto de fincas más recogidas y llanas en la confluencia de las vertientes roqueñas que descienden de Tárano y Picos, sobre el mismu confurcu de los ríos que bajan de Ribiecha y Payares. Aquí, en la margen derecha del río, ya da un poco más el sol, aún en pleno invierno.

Una parada en un cruce de caminos.

La función que revela el nombre de La Pará se refuerza con la posición estratégica en que fue situada: es la primera casa que se divisa por el camino de Fierros; y la primera y la última en que se pone y se quita el sol en el poblado. Una casa bien situada, entonces. Como un dato más para la conexión visual de estos pasos por ciertos puntos de la ladera, desde La Pará se controla la última curva del camín de peregrinos por El Quentu, entre Herías y Valderías (ya de Campomanes). Inversamente, La Pará se divisaba desde otros caminos del valle.

Los troníos en Tárano.

Como prueba de los rigores del cielo sobre el valle de Renueva, quedan el nombre y las calizas de Tárano (Taranis, 'dios celta de las tormentas’): lugar de rocas entre La Cueva y Pando, muy castigado por los truenos, relámpagos y rayos en días de temporal. En Tárano, retumban de modo especial los troníos, acentuados por las resonancias de la vaguada estrecha y pendiente (la foz) que termina en las angosturas bajo Congostinas (tierras verdaderamente 'angostas', como en su caso queda señalado).

Solares y las tierras de semar.

Los nombres del valle de Renueva tampoco aquí cuadraban al azar. Frente a un poblado más sombrío, sin duda posterior al organizado antes en La Frecha, se llamó Solares (en realidad, terras solares) a la pendiente opuesta al otro lado del río, camino ya de Casorvía: una zona que marca la barrera del sol hasta bien tarde, cuando, por enero arriba, Renueva lleva un par de meses de sombra en sombra, y de xelá en xelá. Una vez más, también, las relativamente privilegiadas vegas sobre el río de Renueva se acotaron pronto como tierras de semar: es toda la franja estrecha de La Vega (margen izquierda del río), bajo la carretera actual.
Santolaya de Renueva, Santolaya de Herías, Santolaya de Parana.

Al otro lado del pueblo y del río de La Frecha, frente al Quentu, las tierras de Santolaya son ya más soleadas, como demuestran los abundantes frutales que ahora sustituyeron los sembrados de antaño: una vega rodeada de sólidos pareones casi ocultos ya entre la maleza y el matorral.

Resulta interesante comprobar que "Santa Olalla de Renueva" (grafía de los documentos), en época medieval, tenía capellán, que pagaba diezmos a la iglesia de Oviedo. Por ello, parece que habría otra de las capillas atribuidas al monasterio de Herías y de Parana, con el mismo nombre: Santolaya, hoy. También en Renueva la tradición oral habla de un monasterio desaparecido.

Todo este tramo entre Fierros y la Frecha debió ser muy transitado siglos atrás, y con varios lugares de cobijo, dadas las dificultades del terreno, con pendientes y rocas muy inclinadas sobre las riberas del río Payares (antes río Tsena, como queda en Regueretsena). Bien se recuerdan las posadas de Malabrigo, Vegavieyos...; o La Cueva Carratsadrona, en la vertiente de Picos, donde se recuerda algún peregrino o transeúnte agospiáu por temporadas.

Y con las cestas pa Fierros, sobre una rodía na cabeza

Todas estas pequeñas vegas de Renueva, entre La Nozalera y Santolaya, por estrechas fueran, prolongadas entre el río y el camino, tampoco dejaron de dar sus frutos a los vecinos de Renueva: todavía recuerdan algunas muyeres las cestás de figos, piescos, cerezas, nueces, nisos... que, sobre una rodía na cabeza, llevaban a vender a los comercios de Fierros.

El nombre de Renueva (area + nova), en fin, se encuentra más allá de estas montañas. Renueva existía ya en un plano antiguo de la ciudad de León: La Puerta de Renueva, la Calle de Renueva y la Iglesia de San Juan de Renueva formaban el conjunto noroeste de la ciudad.

José'l Panaíru Renueva: aquella pequeña industria familiar para su tiempo

Era famosa a mediados del siglo pasado la Panaería de Renueva, justo a la entrada del pueblo, margen derecha de la carretera actual a Fierros. José, Flora, y los fíos completaban la pequeña empresa: Herminia, Quina, Pura, Daniel, que distribuían el pan siempre sobre las alforxas de un burro de ramal por los caminos y barrizales de entonces. Más tarde, Daniel levantó su panadería en Fierros, en La Parra, y ya compró aquella famosa DKV, que le permitía llevar el pan a todo el valle del Payares y a otros pueblos por el concejo abajo.

José el de Renueva era entonces el símbolo del paisano buenu y trabayaor que, a su modo y para sus tiempos, siempre buscaron el progreso de su pueblu, de su familia, de sus vecinos y vecinas. Por ejemplo, mucho antes del Apeaderu de La Frecha, ya había intentado conseguir un descargaeru, para dar llegada a sus productos, en este caso, la farina, el furmiintu y los demás recursos que le hacían falta para su pequeña industria familiar . Y parece ser que hasta la había solicitado en El Puente Renueva, justo en el cruce de caminos a Congostinas, a Casorvía, a Fierros..., pero le fue denegada por las curvas y peraltes de la vía en aquel punto.

Porque los praos de segar taban más altos

En fin, las condiciones de un pueblu al par de un camín principal por el valle del Payares también tenían su otra cara de la moneda. Por ejemplo, la falta de praos de segar y de pacer: pocos, pendientes y tardíos, pues las xelás de invierno y primavera permitían pocas florituras tampranas. Las fincas estaban más altas, a media ladera o por encima: Las Establas, Sirreúndu, Abiaos... Y había que bajar la yerba para el invierno.

Recuerda Isaz el de La Frecha una anécdota con gracia. Como había que bajar la yerba desde muy lejos, en una ocasión fue a ayudar a Cándido el de Pacita para baxar unos forcadaos por el verano desde Abiaos (justo baxo La Vega'l Puzu y El Chamargón). Cándido con la parexa y él con la burra:

"pero la burra yera muy grande, nun se queda atrás a la parexa, y tengo mieo que'l forcadéu fuera paicíu; Cándido con la parexa, y yo con la burra" -cuenta Isaz a sus lúcidos 93 años-.

En fin, yeran otros tiempos, pero con sus iniciativas de entonces

Muchas anécdotas se recuerdan por los pueblos para sobrevivir tantos lustros antes de las comunicaciones y tecnologías de hoy. Por ejemplo, la forma de comunicarse en las distancias desde los praos a las casas: recordaba José'l Panaíru Renueva que cuando estaba en El Preu Molín, sobre La Frecha, frente a Renueva, para decir algo a Flora, la muyer, colocaba un trepu (tela, prenda...) sobre un pelu (palu plantáu) a uno o a otro lado de la finca, en torno a la cabaña; según lo colocara, la muyer ya entendía el mensaje: acudir a la yerba a su hora, traer algún utensilio necesario... Yeran aquellos tiempos, pero la comunicación, a su modo, no fallaba.

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