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EN LA BIBLIOTECA
DE VALDEDIÓS.
(IX)

por Francisco Noval

Me gusta curiosear en las bibliotecas y hace muy pocos días he disfrutado de esa oportunidad en la Biblioteca del Convento de Valdediós, tan cercano de Pola de Siero, y acaso un poco desconocido para todos nosotros. La ocasión me la proporcionó una persona familiar que quería despedirse de Máximo, el último de los monjes benedictinos en abandonar el Monasterio y que el pasado día 14 de diciembre se marchaba definitivamente para Italia, a un convento al sur de Roma. Máximo había permanecido los últimos 17 años en Valdediós, por lo que vio al convento rehabilitarse y crecer con su iglesia, su hospedería, sus talleres, sus jardines y su biblioteca.

Sin duda que el momento estaba cargado de múltiples recuerdos y de la emoción que se acumula cuando con entereza se tiene que decir adiós definitivo a las cosas y a las personas que más se quieren. Nos detuvimos primero en el claustro admirando la armoniosa arquitectura interior y hablando de las variadas y exóticas plantas que allí había, y recordando a Laurence, el fraile inglés que las cuidaba y que desde hace pocos meses está en Sobrado de los Monjes, el convento gallego.

Por unas escaleras laterales subimos luego a la biblioteca, un gran espacio luminoso construido bajo cubierta de los tejados del monasterio. Una a una Máximo nos fue mostrando las estanterías dedicadas a la Teología, a la Patrística (ya no estaba, pero allí había estado el MIGNE), a la Paleografía, a la Historia, a la Filosofía, a la Psicología, a Asturias, a las publicaciones de la Real Academia de Historia o de la Real Academia de la Lengua, hoy presidida por el maliayés D. Víctor García de la Concha, natural de Villaviciosa, y que sin duda nunca se habrá olvidado de Valdediós y de su biblioteca. A la entrada figuraban, en estanterías completas, la Enciclopedia Espasa y la colección de la Biblioteca de Autores Cristianos.

Fue imposible evitar el placer de entreabrir éste o aquel libro según Máximo iba mostrando las estancias, algunos por su calidad, otros por su rareza, pero sobre todo cuando se trataba de alguno de aquellos libros que utilizábamos de estudiantes universitarios. Allí estaba, por ejemplo, la Introducción a la Historia de España de los profesores Reglá, Ubieto, Jover y Seco que introducía en forma entonces novedosa el estudio de los aspectos socio-económicos de la historia; otro, los apéndices dedicados a la Historia de la Filosofía Española del entrañable profesor D. Luis Martínez Gómez en el manual un tanto oscuro de Historia de la Filosofía de J. Hirschberger; otro más, el Diccionario de Filosofía de J. Ferrater Mora publicado entonces en dos tomos en la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, obra prestigiosa que sigue estando ya remozada y en cuatro tomos en casi todas nuestras bibliotecas. Y así, libros y más libros de uno u otro autor, clásico o contemporáneo, y de uno u otro tema.

Tocaba abandonar aquel espacio entrañable. Por mi parte, aunque había disfrutado con la visita, me venían confusas a la mente las últimas líneas de aquella afamada novela de Umberto Eco que hoy ya puedo transcribir:"Hace frío en el scriptorium y me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla:" stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus ”. Desde entonces no he podido dejar de pensar en Máximo y en su posible sufrimiento al mostrar quizás por última vez aquella biblioteca de Valdediós, hecha estantería a estantería y libro a libro durante los últimos diecisiete años de su oculta estancia como un asturiano más entre nosotros. Y es que, amigo lector, tienen mucha vida, y mucha historia propia entre sus libros, nuestras bibliotecas"

Francisco Noval.

15 diciembre 2009.

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