Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez


Dibujo de José Luis Beniro

Oda al día feliz

Pablo Neruda

Esta vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz,
soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.
Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque sí, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.

Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz,
contigo, con tu boca,
ser feliz.

SUBE A NACER CONMIGO HERMANO....

Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.

A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.

Pablo Neruda

MIRANDO HACIA ATRÁS

Siempre miro hacia atrás.

Me gusta observar de nuevo cada uno de mis pasos
recreando el camino que es solo mío,
de nadie más.
Volteo con temor,
sabiendo, encontraré de nuevo piedra y huecos,
muros y cimas por escalar.
Veredas que se inclinan hacia arriba y hacia abajo
que permiten fortalecer mi caminar
A lo lejos veo los puentes y las arenas del mar.
Las bellas montañas rodeándome sin cambiar
que poco a poco aprendí a disfrutar.

Me deleito cuando pongo mi mirada
en el verde resplandor de la pradera
con mil flores colorando el panorama
que agasaja mis pupilas con su magia hechicera
y sorprende mis sentidos como si fuera la vez primera
Los vientos helados y lluvias torrenciales
me enseñaron lo que es la adversidad.
Sentimientos y emociones, amores y desamores,
palabras, acciones recuerdos, olvidos,
presentes. Ahí están.

Siempre miro hacia atrás.
Ahí me topo con el aroma del cielo
y los sonidos de los días sin final.
Las canciones y los versos los poemas y los cuentos
que resuenan como gritos que no deseo olvidar.
Errores que costaron lágrimas y esa tristeza
que siempre tuvo un buen final.
Sentimientos rebasados cual lecciones obligadas
en el arte de aprender a AMAR.
Como un viento que me eleva
Y la briza que me lleva hasta verte aparecer en mi soñar.
Como el brillo de una estrella alumbrando mi ladera
aflorando de mí ser, la felicidad.

Siempre miro hacia atrás
Vuelvo a ver los rostros de quienes caminaron conmigo
para bien o para mal. Y no olvido, nunca olvido
olvidar, es no haber existido jamás.
El camino, tuyo y mío/ mío y tuyo de pronto se volvió unidad
transformando una visión similar
Contigo, con ellos, con sonrisas y con versos,
con los sueños que se hicieron realidad.
Y, aquí están ellas, nuestras estrellas
iniciando su camino individual.
Y nosotros, aun que miramos hacia atrás,
nunca dejamos de contemplar
la ruta que algún día habrá de terminar.
Sabiendo, sin dudar
que en cada momento juntos tocamos el firmamento
sin dejar de asumir y disfrutar
nuestra propia y ansiada
individualidad.

El Indio

El indio entremuriéndose en las calles
del Perú, de Bolivia,
por los nombres de América,
con tantos hilos de oro en el museo,
con tanta ropita en la historia,
y aquí va el pobre y viene
ya sin voz y sin trigo y sin zapatos.

Levántate, grandullón, vamos!
Ándate de una vez a tu agujero
en la tierra, ya sabes
que tú no tienes cielo.
Vamos! Vive!

Yo te exijo que dejes de ser piedra,
que dejes de ser río,
pluma de pájaro que ya no existe,
que voló con los años.
Ahora,
vamos, quítate la polvorienta
máscara que confunde
tu viejo corazón con los caminos,
con los muros que ya cayeron.
Ponte los pantalones y vamos!
Yo sé de qué se trata, y no hay destino.

No hay más destino que el que nos haremos
a pura sangre, a mano,
y no es hacia abajo ni hacia atrás la vida,
no hay carretera en el silencio,
no tienes, no tenemos nada que recordar.
Para que no te pierdas
no te mires, ni mires tanto el polvo:
el mundo fue creciendo desde entonces,
desde que te mataron, y ahora no hay sitio
para que te retrates resurrecto.

Ay si solamente
no hubieras nunca sido
qué limpios andaríamos viéndote
perder, perderlo todo cada día,
perder el reino, perder los pies, perder a cada rato,
y quedarte solo con tu mortaja, andando,
con los ojos más tristes de la tierra.

De repente sabemos
que estás ahí, en la puerta,
esperando, o adentro de nosotros,
también, en todas partes, esperando,
bajo la lluvia y sin comer.

Ahora
todos golpean, todos, menos tú.
Todos piden, hacen cuentas en sus libretas,
se enojan mucho, gritan o no aguantan,
no aguantan más, eso se sabe,
y tú, sin patria, con tu gallinita
esperando que por fin te la compren
para volver a donde ya no vives,
para soñar ya ni siquiera sueños.

Vamos, tontón, no creas
que todos son tan listos,
que sólo tigres hay en la casa del justo.
Es difícil contarte,
pero ha cambiado todo:
ahora tienen miedo
estos señores con bigote y bala,
todos estos señores con cadena,
estos señores con sillón eléctrico,
esta gente tan rica,
tienen miedo,
tienen miedo de todo y, parece mentira,
también a ti te tienen miedo,
temen a tus harapos,
y ahora recuerdan que ellos te los dieron
y tienen miedo y no comen tranquilos.

Ellos saben
que las cosas cambiaron,
y se sabe
que ahora en alguna parte
se sienta el indio
como todo el mundo
y entra y sale y sonríe,
tiene escuela y sonrisa,
tiene pan y figura,
y eso, amigo, no sucede en el cielo,
porque en el cielo no sucede nada.

Ya se sabe,
se sabe,
que esto pasa en la tierra.

EL MAR

Necesito el mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

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